La situación de los sectores yerbatero y tealero en Misiones sigue deteriorándose. Productores de la zona centro advierten que la combinación de precios deprimidos, atraso cambiario, caída de exportaciones y falta de mano de obra está provocando una fuerte retracción de ambas actividades, con perspectivas que, según afirman, podrían empeorar en los próximos meses.
Uno de los referentes que analizó el panorama es el productor agropecuario Cristian Klingbeil, quien vincula directamente la caída en la producción de yerba mate con la imposibilidad económica de mantener las chacras en condiciones.
«Desde el 2024 la inversión en los yerbales es mínima o cero», afirmó. Según detalló, muchos productores abandonaron tareas esenciales para sostener el rendimiento de las plantaciones: «Una ‘macheteadita’ ahora, antes de entrar a cosechar, y nada más. No se fertiliza más, no se hicieron los cuidados, no se pasó la guadaña o el herbicida».
Para Klingbeil, las consecuencias se proyectan más allá de la campaña actual. «Me parece que el año que viene va a ser igual a este año o peor, porque el productor está menos cero. Está sin un mango. Coseche o no coseche la yerba, termina igual», remarcó.
A la crisis de rentabilidad se suma la escasez de cosecheros. El productor señaló que muchos trabajadores migran hacia otras actividades con mejores ingresos: «Si te vas a otro laburo y te ofrecen 30 mil pesos, obvio que te vas a ir».
En cuanto a las condiciones comerciales, Klingbeil cuestionó la modalidad de pago que se está generalizando en el sector. «Se está generalizando pagar 240 pesos, pero con cheques a 90 días. Te dan algo para la tarefa y el flete para zafar, y el resto queda en un cheque», explicó. Según señaló, esa práctica erosiona aún más los ingresos de las chacras en un contexto de costos en alza.
El escenario que describen los productores se encuadra en el proceso iniciado con el Decreto 70/2023 del Gobierno nacional, que eliminó las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) para fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada. Desde entonces, entidades del sector vienen advirtiendo sobre la pérdida de herramientas que ordenaban el mercado.
Los datos del propio INYM reflejan esa retracción. Entre enero y abril de 2024 se cosecharon 268.297.370 kilos de hoja verde. En el mismo período de 2025, la cifra bajó a 174.675.577 kilos, y en los primeros cuatro meses de 2026 alcanzó apenas 151.910.206 kilos. La comparación arroja una caída del 43% en dos años.
El sector tealero no escapa a la crisis. Klingbeil advirtió que el atraso cambiario golpea de lleno a una actividad que exporta cerca del 90% de su producción. «Este año se pagó 100 pesos y el dólar nunca bajó de los 1.400 pesos y monedas. Estamos perdiendo 40 pesos por kilo y sabemos que la industria no puede más», señaló.
Cuando el sector planteó la necesidad de un tipo de cambio diferenciado ante las autoridades nacionales, la respuesta no fue alentadora, según describió: «Cuando necesitás un dólar competitivo y planteás eso a Nación, te dicen que es una mala palabra pedir dólar diferenciado».
De acuerdo con estimaciones del sector, las exportaciones de té cayeron cerca del 18% en 2025 respecto de los volúmenes habituales. Para 2026, algunas proyecciones hablan de un desplome de entre el 30% y el 40%. En ese marco, varios secaderos anticiparon el cierre de la temporada. «Hay empresas que ya pararon hace dos semanas y otros secaderos están frenando ahora, lejos de llegar a fin de mayo como ocurrió muchas veces», indicó Klingbeil.
El productor también puso en perspectiva la caída en los precios internacionales: «El precio promedio de exportación ronda los 1.880 dólares por tonelada, cuando en 2023 era de 2.500 dólares. Si los costos suben en dólares y no podés trasladar eso al comprador, alguien termina absorbiendo esa pérdida y generalmente es el productor».
Otro punto que preocupa al sector es la posibilidad de que la escasez de materia prima habilite prácticas irregulares en la cadena productiva. «Con el faltante de yerba que pueda haber este año, es probable que algunos metan té, lo pasen por secaderos de yerba y termine en los paquetes que compra la gente», alertó Klingbeil, quien también mencionó el riesgo de incorporar materiales vegetales sin los controles sanitarios correspondientes.
A eso se suma el cierre de infraestructura industrial. Según el productor, en los últimos años cerraron más de 15 secaderos en la provincia y solo se abrió uno nuevo, en Oberá. «El impacto inmediato lo sufren los obreros y las cooperativas», afirmó.
Para Klingbeil, el problema excede a la yerba y al té. «Esto pasa con la yerba, con el té, con la madera y con cualquier producción exportable. Si los costos siguen subiendo y los precios no acompañan, después cada productor tiene que decidir si le conviene cosechar o no», concluyó.