Claudio Gabriel Barrelier, único detenido por la desaparición de Agostina Vega en Córdoba, ya había protagonizado un episodio perturbador meses antes de que la adolescente de 14 años fuera vista por última vez. Un comerciante identificado como J., cuyo local queda en la misma cuadra del barrio Cofico donde reside Barrelier, aseguró haber sido testigo de una escena que luego derivó en una investigación judicial contra el sospechoso.
Según relató J., el hecho ocurrió en junio o julio del año pasado. En ese momento, dijo, observaba desde el ventanal de su local mientras Barrelier arreglaba una moto en la puerta de su casa. El hombre habría dejado el portón abierto al salir a la vereda y, segundos después, una joven salió corriendo del interior.
«Salió corriendo una chica. Estaba desnuda, tenía solamente una bombacha y unas cintas en las muñecas. Salió pidiendo ayuda», describió el testigo. La mujer cruzó la calle en estado de desesperación y jóvenes de un local cercano le alcanzaron una remera para cubrirse.
Lo que más llamó la atención a J. fue la actitud de Barrelier ante la escena. «Él la vio salir corriendo y gritar. Pero no hizo nada. La miró como diciendo: ‘Estás loca’. No se inmutó», afirmó.
Varias personas asistieron a la joven y la llevaron a una barbería próxima. «Ahí le dieron agua, algo para comer. Ella repetía: ‘Tengo miedo. Pídanme un auto, me quiero ir a mi casa'», recordó el comerciante. J. aclaró que la mujer no presentaba marcas visibles: «No estaba golpeada. Tenía trenzas en el pelo. Estaba como eufórica, muy nerviosa. Pero nunca escuché que dijera qué le había pasado. Tampoco dijo que la violaron».
Mientras la joven era atendida, según el testigo, Barrelier entró a la casa y luego volvió a la vereda a fumar «como si nada». Poco después llegó la Policía y se lo llevaron detenido junto a su madre, su pareja y su hija.
J. fue convocado a declarar como testigo en la causa que se abrió a partir de ese episodio. Días más tarde, relató, la madre de Barrelier lo encaró en la calle. «Me preguntó qué había dicho. Me decía que al hijo le habían hecho una cama», contó.
El incidente dio origen a una investigación por privación ilegítima de la libertad agravada por el vínculo y lesiones leves calificadas, iniciada a partir de la denuncia de una expareja de Barrelier. El sospechoso permaneció detenido durante 20 días, tras lo cual se le impuso una fianza y condiciones procesales, entre ellas presentarse mensualmente ante la fiscalía. Según el testigo, cumplió con esa obligación todos los meses, incluido mayo de 2026.
El comerciante también describió el ambiente habitual en la vivienda: «Hacían juntadas con otros hinchas de Instituto. Sacaban la tele a la vereda para ver los partidos, tomaban alcohol, ponían música fuerte y colgaban banderas». Y agregó que Barrelier continuó trabajando en la Municipalidad de Córdoba luego del episodio. «Yo lo seguía viendo volver al mediodía con el uniforme», señaló.
Con informacion de Misiones Online.