Las apuestas online dejaron de ser un fenómeno marginal para instalarse como una preocupación concreta entre familias, docentes y profesionales de la salud mental. El psicoanalista Carlos Trujillo (MP 1534) abordó el tema en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones y ofreció un análisis del modo en que las nuevas tecnologías transformaron las conductas adictivas vinculadas al juego.
«Lo que ahora está llamando la atención es la ludopatía vinculada a las apuestas digitales en adolescentes», afirmó Trujillo. Para el especialista, el cambio central respecto a décadas anteriores es que ya no hace falta trasladarse a ningún lugar: «Antes uno tenía que ir al casino para jugar. Hoy el casino está en la casa, el casino está en el colegio, el casino está en el grupo de amigos».
Esa transformación vuelve mucho más difícil la detección temprana del problema. «Los cambios de conducta se ven amortiguados porque no nos parece raro ver a un adolescente con un celular. En cambio, sí sería raro verlo entrando a un casino», señaló.
Trujillo explicó que las apuestas operan sobre mecanismos emocionales profundamente arraigados. «La apuesta es un fenómeno netamente de creencia. Uno cree que va a ganar y cuando gana cree que puede volver a hacerlo. Ahí aparece la adicción», sostuvo. En esa línea, advirtió sobre la ilusión de control que genera el juego: «Hay personas que creen que pueden torcerle el brazo al azar. Esa es una posición bastante omnipotente porque el azar es uno de los nombres de lo imposible».
Otro elemento que destacó como especialmente peligroso es la recompensa inmediata. «Lo importante deja de ser la apuesta y pasa a ser la gratificación que produce. Ahí entramos en otro terreno, donde aparecen mecanismos adictivos muy fuertes», advirtió.
El especialista subrayó que la adolescencia es una etapa particularmente vulnerable. «La adolescencia es un tiempo de espera. Es la espera de una identidad, de un proyecto, de una dirección. Por eso es una etapa vulnerable en sí misma», indicó. En ese contexto, los dispositivos digitales ofrecen respuestas rápidas justo cuando los jóvenes están atravesados por preguntas: «Si algo como un aparato viene a darte respuestas inmediatas, no hay nada más adictivo».
Uno de los puntos centrales de su análisis fue la desaparición de la mirada ajena como límite. «Antes alguien te veía jugar, te veía perder, te veía llegar mal. Había vergüenza. Ahora los chicos pueden encerrarse en una habitación y nadie los ve», sostuvo. Y agregó: «La mirada del otro muchas veces funciona como un límite. El problema de las apuestas online es que no hay mirada, no hay espejo, no hay alguien que devuelva una imagen distinta».
Frente a eso, Trujillo llamó a los adultos a recuperar un interés genuino por la vida de los adolescentes. «Hay que volver a mirarlos. No verlos solamente como un problema o un síntoma social, sino interesarse realmente por ellos», expresó.
Entre las señales de alerta que mencionó figuran cambios en el estado de ánimo, alteraciones del sueño, problemas alimentarios, aislamiento, conflictos familiares y pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras. Sin embargo, aclaró que muchas conductas pueden ocultarse fácilmente detrás de una pantalla.
Desde lo clínico, el especialista rechazó las respuestas simplistas. «Prefiero hablar de abordajes antes que de soluciones», señaló, y explicó que la ludopatía debe entenderse como un síntoma que expresa algo más profundo: «Hay que preguntarse qué función cumple ese síntoma en la vida de la persona. Sacarlo de golpe puede ser tan problemático como dejarlo actuar». Remarcó que los tratamientos deben ser personalizados: «Las adicciones son tratables y la recuperación es posible, pero siempre desde un trabajo singular».
Trujillo también apuntó a la influencia de las redes sociales y de ciertos creadores de contenido que promocionan plataformas de apuestas. «La tecnología genera sus propios monstruos. Hoy una de esas figuras es el influencer que vende certezas y soluciones instantáneas», advirtió.
En cuanto a las políticas públicas, planteó la necesidad de incluir a los propios jóvenes en los debates. «Los adolescentes tienen que participar de las mesas de debate donde se discuten las políticas que los afectan», sostuvo, y señaló que escucharlos puede aportar información clave que los adultos suelen no percibir.
«Es un problema complejo que no se resuelve simplemente quitando un celular. Hay que entender qué está pasando detrás de esas conductas y construir respuestas colectivas», concluyó.
Con informacion de Primera Edicion.