Misiones lidera la natalidad en Argentina, pero la caída de nacimientos preocupa a especialistas

Argentina cerró 2024 con 413.135 nacimientos vivos, la cifra más baja de la última década. En 2023 habían nacido 460.902 personas, y si se compara con 2014, cuando se registraron 777.012 nacimientos, la caída acumulada supera el 46%. La tendencia no es exclusiva del país: según el doctor Leonardo Mezzabotta, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires y director de la maternidad del Sanatorio Los Arcos, se trata de «un fenómeno no solamente local, sino también regional y mundial».

En ese contexto, Misiones se destaca como la provincia con la tasa de natalidad más elevada del país: 12,3 nacidos vivos por cada mil habitantes. La siguen Chaco con 11,9, Santiago del Estero con 10,8 y Formosa con 10,7. En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego comparten el valor más bajo, con 6,9 nacidos vivos por cada mil habitantes.

Especialistas consultados por Infobae identificaron cuatro aspectos centrales que explican la preocupación del sector: la postergación de la maternidad, el incremento de riesgos durante el embarazo, la necesidad de reorganizar las maternidades y el cambio de perfil en las consultas de fertilidad.

Sobre el primero de esos puntos, Mezzabotta señaló que la edad media materna se ubica hoy entre los 27 y 29 años en términos generales, pero que en el universo de quienes buscan el primer hijo ese número trepa a los 34. Según el especialista, postergar la maternidad implica mayor presencia de enfermedades previas o concurrentes al embarazo, como hipertensión y diabetes, y un aumento de los trastornos genéticos, en especial a partir de los 40 años. Aclaró, sin embargo, que informar sobre esos riesgos no equivale a desaconsejar el embarazo a esa edad, y mencionó las técnicas de reproducción asistida, la ovodonación y la congelación de óvulos como alternativas disponibles.

Mezzabotta recomendó la consulta preconcepcional con un médico ginecólogo, generalista o de medicina familiar, que permita detectar enfermedades infecciosas, metabólicas o hipertensión, y garantizar la suplementación de ácido fólico antes del embarazo y durante los primeros tres meses.

El descenso en los nacimientos también genera efectos sobre la estructura de los servicios de salud. Mezzabotta advirtió que en la Ciudad de Buenos Aires observaron el cierre de maternidades, tanto exclusivas como integradas a sanatorios, debido a los costos de mantener infraestructura neonatal. Planteó que una maternidad necesita al menos 1.000 nacimientos anuales para funcionar de manera adecuada en términos de recursos, neonatología y formación profesional. Ante ese escenario, propuso la fusión de servicios y la regionalización, concentrando partos de baja complejidad en algunos centros y los de alta complejidad en otros con mayores recursos. En sus palabras: «Lo que baja en número de nacimientos aumenta el número de consultas».

El cuarto aspecto señalado por los especialistas tiene que ver con el perfil de quienes llegan a los centros de fertilidad. Según datos de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) y la Asociación Civil Concebir, las consultas orientadas a lograr un segundo embarazo cayeron más del 50% en la última década. Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva y presidente de SAMeR, describió el cambio así: «Hasta hace muy poco, era frecuente recibir consultas de personas que pensaban en formar familias con dos o más hijos. Hoy vemos cada vez más personas que llegan focalizadas exclusivamente en lograr solo un único embarazo».

Pasqualini también subrayó el desconocimiento que muchas mujeres tienen sobre su propia fertilidad: «La mujer nace con una determinada cantidad de óvulos y esa reserva disminuye con el paso del tiempo, tanto en cantidad como en calidad. Muchas mujeres llegan sorprendidas cuando reciben información sobre su fertilidad porque nunca antes nadie les había explicado cómo funciona el envejecimiento ovárico. Ahí es cuando aparece una sensación de frustración muy grande y la pregunta recurrente es por qué nadie les habló de esto antes».

Fabián Lorenzo, vicepresidente de SAMeR, precisó que la búsqueda del primer embarazo se da «en una edad mayor, aproximadamente 38 años en promedio en la mujer», lo que reduce las posibilidades de embarazo espontáneo. Cuando ese primer hijo llega de manera natural, la búsqueda del segundo suele iniciarse a los 41 o 42 años, una situación que, según Lorenzo, «genera más miedo y más dificultad en general». El especialista advirtió: «No solo disminuye la cantidad de óvulos para buscar, sino que disminuye drásticamente la calidad de los óvulos, bajando la tasa de embarazo».

La caída de la natalidad es uno de los ejes del 43º Congreso Internacional de Obstetricia y Ginecología, en el que participa Mezzabotta junto a otros especialistas.

Con informacion de Misiones Online.