Corpus Christi vuelve a estar en el centro de la discusión en Misiones. Ingenieros y sectores productivos insisten en retomar el proyecto de la Represa Hidroeléctrica, con un diseño actualizado en la zona de Pindo-í que, según sus promotores, reduciría el impacto ambiental. Frente a ellos, colectivos ecológicos exigen que el municipio sea declarado santuario natural para proteger la biodiversidad del monte nativo.
Pero mientras ese debate avanza en foros y mesas técnicas, el territorio cuenta otra historia.
Los registros judiciales y los operativos de Prefectura Naval y Gendarmería Nacional de los últimos cinco años muestran que la costa del Paraná en Corpus es una de las rutas más activas del crimen organizado en la provincia. La densa vegetación marginal y los llamados «puertos naturales» son aprovechados sistemáticamente para el ingreso de droga desde Paraguay.
Entre los casos documentados: en mayo de 2021, Prefectura incautó 481 kilos de marihuana prensada ocultos en el monte costero. En agosto de 2022, otros 390 kilos fueron hallados en el «Puerto Natural Menochio» tras una persecución. En enero de 2024, se secuestraron 415 kilos más en «Puerto Pichón Chávez», fraccionados en bolsas listas para distribución.
El episodio que generó mayor alarma fue el denominado Operativo «Narco Mix», en marzo de 2024. Al revisar doce bultos abandonados por una lancha rápida paraguaya en Puerto Menochio, efectivos de Prefectura encontraron 173 kilos de marihuana junto a 177 ampollas de fentanilo y 14 de etilefrina. El hallazgo del opioide sintético encendió alertas en el Juzgado Federal de Oberá y marcó un cambio cualitativo: Corpus dejó de ser solo una ruta de marihuana para convertirse en punto de ingreso de sustancias de alta peligrosidad.
En paralelo, quienes intentan conservar el monte de forma privada también enfrentan una situación crítica. La Reserva de Biodiversidad «Las Gringas», del productor Roberto Moroz, fue diseñada para el agroturismo y la producción libre de agrotóxicos. Desde finales de 2021, según denuncias radicadas ante la Comisaría de Corpus y el Juzgado de Instrucción de Puerto Rico, el predio es objeto de incursiones reiteradas de cuadrillas dedicadas al apeo furtivo y al robo de maderas nativas de alto valor comercial, como el Loro Negro y el Guatambú.
Según esas mismas denuncias, los cuidadores y trabajadores de la reserva habrían sido emboscados y amenazados de muerte por grupos armados con machetes, hondas y escopetas de fabricación casera, con el objetivo de asegurar la salida de la madera robada hacia circuitos de comercialización o hacia hornos clandestinos de carbón.
En julio de 2024, inspecciones del Ministerio de Ecología de Misiones constataron desmonte ilegal y quemas deliberadas en áreas destinadas a corredores biológicos en la misma zona.
Así, el municipio que ocupa el centro del debate ambiental y energético de la provincia enfrenta una realidad que precede a cualquier decisión sobre represas o decretos de protección: el monte ya está siendo talado y quemado, y sus costas funcionan como corredor del narcotráfico internacional.
Con informacion de Misiones Online.