«No decidan por nosotros»: una especialista explica los derechos de las personas mayores y cómo se vulneran en lo cotidiano

El 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, y en ese contexto la doctora Mirta Soria, especialista en gerontología, dialogó con la FM 89.3 Santa María de las Misiones sobre un tema que suele quedar en segundo plano: el derecho de las personas mayores a seguir tomando sus propias decisiones.

Para Soria, respetar a los adultos mayores va mucho más allá de evitar la violencia explícita. Se trata también de gestos concretos: dejarles administrar su dinero mientras puedan, consultarles sobre su salud, escucharlos aunque repitan una historia, cederles el asiento en el colectivo y, fundamentalmente, no resolver por ellos.

«¿Cómo debemos defendernos? Conociendo primero nuestros derechos», señaló la especialista, para quien hablar de vejez digna implica discutir autonomía, independencia, patrimonio, salud, buen trato y participación social.

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la diferencia entre autonomía e independencia. Soria aclaró que una persona puede necesitar ayuda y, aun así, conservar plena capacidad de decisión. «Podemos depender, pero podemos ser autónomos. Por ejemplo, si tuviste un accidente y quedaste en una situación de invalidez, seguís siendo autónomo, seguís decidiendo sobre lo que vos querés o no querés hacer», explicó.

En esa línea, advirtió que acompañar no debe significar anular la voluntad del otro. La asistencia de familiares, cuidadores o instituciones puede ser necesaria, pero no debería reemplazar automáticamente las decisiones de la persona mayor.

Entre las situaciones más frecuentes de vulneración de derechos, Soria ubicó en primer lugar el manejo del patrimonio. Alertó sobre la práctica, muchas veces naturalizada, de entregar la tarjeta bancaria a un tercero para que cobre los haberes previsionales.

«Cuando decimos: ‘No me siento bien, andá a cobrar’, y le damos la tarjeta a una tercera persona, puede ser un familiar, un cuidador o un vecino, le estamos dando el derecho a esa persona de que haga lo que desee con nuestro patrimonio», advirtió.

Esa delegación, según la gerontóloga, puede abrir la puerta a abusos difíciles de detectar: que quien cobra no entregue el recibo o informe una suma menor a la real. «Te doy esto, cobraste esto nada más. ¿Cómo que cobré esto? No le traen un recibo y la persona queda tranquila y conforme, agradeciendo porque le fueron a hacer el trámite», graficó.

Soria sostuvo que, cuando la persona conserva suficiente independencia, debería gestionar por sí misma el cobro o el control de su dinero, tomando los recaudos necesarios. «Si yo puedo ir hasta un cajero, lo debo hacer yo. Por supuesto, en horarios en donde también me sienta protegida. No voy a ir en plena noche a un cajero automático si soy una persona mayor, porque puedo estar expuesta a que venga un ladrón y me robe», indicó.

La cuestión patrimonial también aparece cuando una persona atraviesa un proceso de deterioro cognitivo. En esos casos, Soria defendió la importancia de informar el diagnóstico al propio paciente para que pueda tomar decisiones mientras todavía está en condiciones de hacerlo. «Cuando los médicos diagnosticamos un Alzheimer, debemos decirle al paciente. ¿Para qué? Para que vaya preparándose para el día de mañana, cuando no sepa distinguir qué es lo suyo y qué no, y pueda decidir qué va a hacer con su patrimonio, sin quitarle desde un principio la voluntad de decisión», sostuvo.

Otro derecho frecuentemente afectado, según la especialista, es el acceso a una atención médica adecuada. Cuestionó la práctica de ir al médico a buscar una receta en nombre de una persona mayor sin que el profesional la evalúe realmente. «Pedir la receta significa valorar cómo está ese paciente para poder recién dar la receta y cuidar el tema de la dosis, porque muchas veces también envenenamos a través de una dosis mayor», advirtió.

El buen trato cotidiano también ocupó un lugar destacado en la conversación. Soria mencionó el transporte público como ejemplo concreto: la costumbre de ceder el asiento a una persona mayor, que antes era casi automática, hoy se ve desplazada por el uso del celular y los auriculares. «Ahora los pibes miran para afuera, se hacen los dormidos, están con el auricular», lamentó.

Pero escuchar y acompañar también forman parte del buen trato. La especialista pidió dejar el celular de lado al visitar a un adulto mayor. «Si voy a visitar y estoy con el celular, no estoy comunicándome. Por más que sea repetitivo y reiterativo en una historia, y otra vez me va a contar la misma historia, no debo preferir estar con el celular», dijo.

Soria remarcó que prestar atención a los cambios en la vida cotidiana de una persona mayor, qué dejó de hacer, qué ya no recuerda, cómo reacciona ante situaciones de desorientación, puede ser clave para detectar problemas a tiempo.

Al cierre, la gerontóloga dejó un mensaje dirigido a familias, instituciones y quienes diseñan políticas públicas: «No decidan por nosotros. Si quieren hacer algo por nosotros, que sea con nosotros. Que nosotros participemos de esas decisiones que ellos desean tomar».

Con informacion de Primera Edicion.