Biciperegrinos misioneros: fe sobre ruedas que recorre la provincia mes a mes

Las rutas nacionales 12 y 14, y la provincial 7, tienen sus propios peregrinos. No caminan: pedalean. Y lo hacen bajo el sol, la lluvia y el frío de la tierra colorada, con una imagen de la Virgen como compañera de ruta y la Basílica de Itatí como destino anual.

Mauricio Cabaleiro es uno de los principales organizadores de los Biciperegrinos Misioneros y lleva más de treinta años ligado a esta práctica. Su historia arranca en 1993, cuando un accidente lo puso ante una encrucijada: tenía que llegar a Itatí como fuera, y terminó haciéndolo en bicicleta. Desde 2012, esa experiencia personal se convirtió en compromiso colectivo cuando asumió parte de la coordinación del grupo.

La propuesta no tiene estructura burocrática ni requisitos formales. «Siempre que se publica algo, queda bien expresado que es autoconvocatoria y autosuficiente», explicó Cabaleiro. «Aquí no hay requisitos excluyentes ni carnets de afiliación, queda abierto a todo aquel que quiera sumarse de la manera que sea. Lo ideal es en una bicicleta, pero si tiene una moto y quiere acompañar, será bienvenido».

El grupo tiene un calendario fijo con salidas al menos una vez al mes, que funcionan también como entrenamiento para el viaje a Itatí en diciembre, sin perder el componente espiritual.

Entre las historias que Cabaleiro atesora, hay una que resume bien el espíritu del grupo: un ciclista de San Vicente que descubrió la bicicleta a los 60 años y hoy tiene 67. «En una de las últimas ediciones, este incansable peregrino unió San Vicente, Oberá, Santa Ana y Candelaria, completando casi 600 kilómetros en apenas tres jornadas para luego retornar a su hogar pedaleando», contó el coordinador.

El esfuerzo físico no se romantiza. «La ruta es un territorio hostil donde el sufrimiento físico es un compañero inevitable de viaje. El que te dijo que nunca la sufrió, te miente; pero es aprender a disfrutar de ese mal rato, del calor, del frío, de la lluvia, del dolor», reconoció Cabaleiro. Algunos no vuelven tras esa primera experiencia; otros la convierten en una costumbre anual.

La situación económica también dejó su marca. El año pasado, en la salida a Campo Viera, superaban los cien participantes. Este año la cifra se redujo casi a la mitad. «Económicamente está complicado, para todos parejo, en eso no hay rubro ni clase social y en la ruta eso se siente mucho», señaló Cabaleiro. Aun así, destacó que el espíritu solidario persiste: en cada pueblo de llegada hay comida y lugar para descansar.

Una de las dimensiones más emotivas del grupo es su función como vínculo espiritual para quienes no pueden pedalear. En cada parada del calendario, los vecinos depositan cartas con pedidos y agradecimientos junto a la imagen de la Virgen. Esos manuscritos se guardan en una carpeta especial que viaja en los vehículos de apoyo y, en diciembre, se entregan en el altar mayor de la Basílica de Itatí. «Es una experiencia muy humana, muy de familia, llevar el buzón con las cartas con los pedidos o agradecimiento de las personas y que lo entregamos allá», dijo Cabaleiro.

El calendario de salidas previsto es el siguiente:

Junio: 14, Oberá – Campo Grande; 28, Campo Grande – Salto Encantado.
Julio: 12, Salto Encantado – San Vicente; 26, San Vicente – Dos de Mayo.
Agosto: 9, Dos de Mayo – Aristóbulo del Valle; 23, Aristóbulo del Valle – Jardín América.
Septiembre: 6, Jardín América – San Ignacio; 20, San Ignacio – Santa Ana.
Octubre: 4, Santa Ana – Candelaria; 18, Candelaria – Garupá.
Noviembre: 1, Garupá – Posadas; 15, Santa Ana – Loreto.
Diciembre: 6, Posadas – Itatí.

Con informacion de Primera Edicion.