Rocío Silvero, la misionera que dirige una sinfónica nacional, trae su orquesta Tercina a dos conciertos en la provincia

Rocío Keiko Silvero tiene 29 años, empezó con el violín a los 10 en los Grillitos Sinfónicos de Posadas y hoy es directora asistente de la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín, con sede en Buenos Aires. Pero no se fue del todo de Misiones: viaja cada mes para dirigir la Orquesta Tercina, el proyecto independiente que ella misma fundó hace cuatro años y que reúne a 36 músicos.

Tercina presentará dos conciertos en la provincia. El primero será el viernes 19 a las 20 horas en el Teatro de Prosa del Parque del Conocimiento. El segundo, el domingo 21 a las 20 horas en el Auditorio de Grillitos, ubicado en Comandante Miño 2418, entre Avenida Tambor de Tacuarí y Avenida López y Planes.

Silvero pasó por Sala Cinco, el programa de stream de Misiones Online, y repasó su trayectoria. Además de Tercina, integró la Orquesta de Cámara del Parque del Conocimiento y participó en aproximadamente 50 orquestas, dirigiendo en 15 de ellas. El salto a nivel nacional llegó tras su participación en el Concurso Nacional de Jóvenes Directores de Orquesta en General Roca, Río Negro, el certamen más importante del país en esa especialidad.

Sobre su rol en la Juvenil Nacional, que tiene 86 integrantes y 33 años de historia, la directora fue precisa: «Somos tres directores asistentes del maestro Bencri, que es el director titular. Para cualquier joven director o directora, es un sueño estar ahí, es como una oportunidad de la vida, porque hacés el repertorio que luego se da a nivel profesional».

También marcó el nivel de exigencia que implica esa orquesta: «El repertorio que nosotros preparamos en un mes en la Juvenil Nacional, una orquesta profesional lo hace en una semana, pero es el mismo, son todas las mismas notas y la misma búsqueda».

Aunque vive en la capital del país, Silvero tiene en claro que Misiones sigue siendo parte central de su proyecto: «Inicié un curso hace un mes y se va a extender hasta fin de año, porque siento que Misiones sigue siendo un campo fértil donde encontramos muchísima gente que se quiere dedicar a la música orquestal y que faltan docentes, falta que circule la información, falta probar otras cosas. Faltan más gente. Por eso tampoco me fui del todo de Misiones. Vuelvo a Misiones y espero seguir volviendo».

La directora estudió en una escuela técnica y señaló que esos conocimientos la ayudan en la logística de las producciones orquestales, un trabajo que no siempre es visible para el público. Su ascendencia japonesa por parte materna también influye en su manera de trabajar: aplica el concepto de Kaizen —mejora continua— y el Wabi-sabi, que valora la belleza de la imperfección.

En esa línea, reflexionó sobre la diferencia entre el concierto en vivo y las grabaciones: «No buscamos reproducir lo que escuchamos en el disco, sino que buscamos lo artesanal. Lo artesanal como cuando uno va a la feria de la Costanera y compra una taza que es única e irrepetible. De la misma manera, la música en vivo te da eso».

Sobre los beneficios de la música para los jóvenes, sostuvo que la práctica orquestal desarrolla la concentración y un tipo particular de escucha: «En una orquesta gigante, tenés un escenario de 30 metros por 30 metros, tenés que poder escuchar a alguien que está superlejos. Esa escucha, luego llevada a la conversación, a la convivencia en la sociedad».

Y recordó sus comienzos con honestidad: «Los primeros dos años de violín los sufrí. Fue extremadamente difícil. Hasta que le agarrás la mano, te lleva un tiempo. Entonces te da un temple, te da una perseverancia en un mundo que quiere todo ya».

Con informacion de Misiones Online.