El centenario del nacimiento de Ricardo Vuori, músico nacido en Helsinki, Finlandia, el 7 de junio de 1926, fue ocasión para que Oberá lo recordara con un programa de homenaje titulado «Ricardo Vuori, un siglo de memoria viva». En ese marco, la Junta de Estudios Históricos de la ciudad convocó a Rogelio Olivera y Eduardo Sánchez, ambos integrantes de la banda «Ricardo Vuori y su quinteto», para que compartieran sus recuerdos ante amigos, vecinos y familiares reunidos en la Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario.
Vuori llegó a la tierra colorada siendo aún un bebé. Según relató su hija Norma, la familia esperó en Finlandia el nacimiento del niño porque la abuela no podía viajar embarazada, y poco después emprendieron el largo viaje hasta Misiones. Ingresaron por la Picada Finlandesa y se instalaron en una chacra ubicada en el kilómetro 12 de la antigua ruta 14, donde todavía se conserva la casa familiar.
Al cierre del encuentro, Norma se mostró visiblemente emocionada. «Es una felicidad enorme y muchas veces pienso que ojalá hubiera más Ricardo Vuori en nuestra tierra para que enseñe a los niños», expresó, e invitó a los presentes a leer la carta que su padre escribió a sus alumnos, que se encuentra expuesta en el Museo y Archivo Histórico del Parque de las Naciones.
Sobre su padre, Norma dijo que «es impresionante el amor que le tenía a los aprendices. Daba su vida por enseñarle a los chicos. A nosotros, como familia, nunca nos dejó de lado, siempre estuvo presente, pero era impresionante el amor que tenía por la música».
Lo definió como «muy buena, muy querida» persona, y recordó anécdotas de la infancia. Cuando el abuelo le prohibía salir a tocar, el joven Ricardo vaciaba el estuche del bandoneón, colocaba una piedra adentro para disimular el peso y salía a escondidas con el instrumento. También evocó los años en que vivían sobre la calle Buenos Aires, a media cuadra de la plaza Malvinas, donde los alumnos llegaban a aprender música en el patio, bajo la sombra de una parra en verano, o en el pequeño corredor de la casa.
Norma mencionó entre sus alumnos más destacados a Joaquín Benítez y Mauricio Jost. Contó que, cuando Vuori supo que le quedaba poco tiempo de vida, le recomendó a Benítez que continuara sus estudios en Posadas con el maestro Ricardo Ojeda.
En un video proyectado durante el acto se escuchó la propia voz de Vuori repasando su historia. «Papá nos dio cierto bienestar. Como le gustaba tanto la música se dedicó a regalarme instrumentos. Me hizo estudiar piano, violín. Tengo siete violines que están en manos de los alumnos que están evolucionando, gracias a ellos se están formando nuevos valores», se lo oyó decir. También recordó sus inicios tocando en fiestas familiares y la formación de distintas orquestas, con actuaciones en los principales clubes de la región y contratos de hasta dos años de duración.
En ese registro, Vuori dejó un mensaje sobre la situación de los trabajadores y los pueblos originarios: «Me da mucha pena la gente que está sin trabajo, nuestros aborígenes, nuestra gente nativa. Los llamamos el mencho, el negro, son despreciados. No está bien decir eso, pero a esta altura no creo que me pase más nada. Quisiera que haya justicia y que cada uno gane lo que debe ganar, lo que necesita. Es el mensaje que puedo dar».
Rogelio Olivera relató cómo conoció a Vuori durante una fiesta patronal en Campo Ramón, cuando era niño. Lo vio actuar junto a sus músicos, todos de traje negro y sombrero, y quedó impresionado. «Me impresionó ver a ese grupo, todos de trajes negros, sombreros, saco cruzado, con una seriedad, una forma tan linda de expresarse musicalmente, que te llega al corazón», recordó. Desde entonces se acercó al maestro, quien lo recibió y le enseñó tango y milonga durante muchos años.
Eduardo Sánchez, que llegó desde El Soberbio para dirigir una escuela en Panambí, conoció a Vuori a través de un miembro de Gendarmería que lo invitó a un asado. «Me impresionó mucho la presencia de todos ellos, porque generalmente uno tiene un concepto errado del músico. Lo vi tan bien vestido a ese maestro, de traje y sombrero, con prolijidad en la interpretación, todo muy medido», describió. Luego lo invitó a la escuela, se integró a la orquesta como cantor de tangos y participaron juntos en la organización de festivales gauchos provinciales. Sánchez destacó que Vuori, en su rol de director de Inspección General de la Municipalidad, fue el impulsor de uno de esos festivales, que se realizó en el predio de la actual escuela normal y convocó a toda la provincia durante varios años.
Sánchez también recordó el frustrado viaje a Europa, para el que el grupo ensayó, grabó material en distintos escenarios, adquirió ropa y smoking, tramitó pasaportes y obtuvo permisos laborales. El plan incluía pasar por Estocolmo, Helsinki e Italia. Sin embargo, el material llegó tarde a destino y la gira nunca se concretó. «Lo quería como un padre, como un hermano mayor, porque siempre fue una persona buena», concluyó.
Con informacion de Primera Edicion.