Las proyecciones climáticas internacionales encendieron una alerta en el sector agropecuario: los modelos muestran una probabilidad creciente de que durante el invierno y la primavera se consolide un nuevo episodio de El Niño, fenómeno que en el noreste argentino se traduce en precipitaciones por encima de lo normal y mayor frecuencia de tormentas intensas.
Para Misiones, donde yerbales, plantaciones forestales, citrus, tabaco, horticultura y ganadería dependen en buena medida de las condiciones climáticas, el exceso hídrico representa un desafío tan serio como la sequía. Los especialistas insisten en que la anticipación es la principal herramienta disponible.
Uno de los riesgos más inmediatos es la erosión. El relieve ondulado y las pendientes pronunciadas de la provincia aceleran la pérdida de suelo fértil cuando las parcelas quedan descubiertas ante lluvias intensas. Los técnicos recomiendan mantener cobertura vegetal permanente, conservar restos de cosecha sobre la superficie y evitar labores intensivas que dejen el terreno expuesto.
En explotaciones hortícolas y familiares, el uso de coberturas orgánicas como paja o restos vegetales ayuda a amortiguar el impacto de las gotas, preservar la estructura del suelo y reducir el lavado de nutrientes. En cultivos perennes como la yerba mate o el citrus, mantener las calles empastadas y franjas de vegetación entre hileras contribuye a frenar el escurrimiento superficial.
Otra medida clave es revisar el estado de cunetas, canales y desagües internos. Según advierten los especialistas, muchas pérdidas no se deben a la cantidad de lluvia sino a la falta de evacuación del agua acumulada. Limpiar alcantarillas, reparar badenes y mantener libres los sistemas de drenaje puede evitar anegamientos prolongados que comprometan las raíces de los cultivos.
Para huertas y pequeñas explotaciones, los técnicos recomiendan el trabajo sobre camellones elevados, técnica habitual en Misiones para tomates, lechugas, zapallos y otras verduras sensibles al exceso de humedad.
Las lluvias persistentes también crean condiciones propicias para el desarrollo de hongos, bacterias y enfermedades. En los yerbales aumenta el riesgo de problemas sanitarios vinculados a la humedad ambiental, mientras que en hortalizas pueden aparecer tizones, mildiu y podredumbres radiculares. Frente a esto, los especialistas aconsejan intensificar el monitoreo de los lotes, mejorar la ventilación mediante podas oportunas y evitar circular con maquinaria sobre terrenos muy húmedos para no favorecer la compactación ni la propagación de enfermedades.
También alertan sobre la lixiviación de nutrientes: las lluvias intensas reducen la disponibilidad de nitrógeno y potasio en el suelo, por lo que se recomienda revisar los planes de fertilización.
En el sector ganadero, el desafío principal pasa por garantizar áreas secas y controlar el riesgo sanitario. Desde el área de Ganadería recomiendan identificar con anticipación los sectores más elevados de cada establecimiento para trasladar allí la hacienda ante inundaciones o anegamientos. La falta de lugares adecuados para el descanso genera estrés en los animales, reduce la ganancia de peso y puede afectar la eficiencia reproductiva.
También se aconseja reducir la carga animal en los campos más comprometidos y priorizar las categorías estratégicas: vientres, reproductores y vaquillonas de reposición. En cuanto a la alimentación, los técnicos sugieren confeccionar reservas forrajeras y evaluar la compra anticipada de suplementos, ya que los excesos hídricos suelen impedir el aprovechamiento eficiente de las pasturas aun cuando el pasto crece con vigor.
En el plano sanitario, los especialistas recomiendan reforzar los planes de vacunación y mantener vigilancia sobre enfermedades como leptospirosis, carbunclo y pietín, esta última especialmente frecuente en animales que permanecen largo tiempo sobre terrenos húmedos. Garantizar el acceso a agua limpia y controlar el estado de aguadas y bebederos también resulta fundamental para evitar contaminaciones.
Los técnicos recuerdan, sin embargo, que El Niño no implica solo pérdidas. Una buena planificación puede transformar parte de esas condiciones en ventajas: la mayor disponibilidad de agua favorece la implantación de pasturas, la recuperación de perfiles de suelo y el desarrollo de varios cultivos regionales, siempre que el manejo agronómico acompañe al clima.
En una provincia donde la agricultura, la ganadería y los sistemas forestales coexisten con producciones familiares, revisar caminos internos, proteger el suelo, monitorear enfermedades y planificar el manejo de los rodeos son acciones concretas que pueden marcar la diferencia cuando las lluvias se intensifiquen.
Con informacion de Primera Edicion.