Los ataques lanzados por Irán durante la noche contra Kuwait y Baréin dejaron un saldo de al menos un muerto y más de 60 heridos, y provocaron una ola de condenas que recorrió toda la región.
El presidente libanés, Joseph Aoun, calificó los hechos como una «violación de la soberanía de los dos países hermanos y de vulneración de los principios del derecho internacional», y señaló que la ofensiva tuvo como blanco a objetivos civiles.
Emirates Árabes Unidos, por su parte, denunció lo que su cancillería llamó «ataques terroristas» contra ambos países. «Tomar como objetivo misiones y sedes diplomáticas constituye una clara violación de las normas y del derecho internacional», sostuvo el ministerio en su comunicado.
Arabia Saudita expresó su «condena y más enérgica repulsa ante la brutal agresión iraní y la flagrante violación de la soberanía del hermano Reino de Baréin y del hermano Estado de Kuwait».
Desde Qatar, la cancillería consideró que los ataques representan una «grave violación» de la soberanía de los dos países y recordó que también se vulneraron los Convenios de Ginebra y el derecho internacional humanitario.
Jordania coincidió en señalar una «flagrante violación» soberana y advirtió que la agresión constituye «una amenaza para su seguridad, estabilidad e integridad territorial, y una clara vulneración del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas».
Finalmente, Yemen se sumó al coro de repudios y afirmó que «condena enérgicamente» los ataques. Según su cancillería, el hecho de que Teherán apunte contra países vecinos «pone al descubierto la naturaleza agresiva y terrorista del régimen iraní y su enfoque basado en socavar la seguridad y la estabilidad de la región».