La inflación bajó en mayo, pero a costa de menos consumo, más desempleo y una industria en crisis

El Indec registró en mayo una inflación del 2,1%, por debajo del 2,6% de abril y del 3,4% de marzo. El dato fue recibido con entusiasmo por el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo, ya que cortó una racha de diez meses consecutivos de aceleración de precios, que se había extendido entre junio de 2025 y marzo de 2026. La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, fue aún menor: 1,9%.

Sin embargo, los economistas advierten que buena parte de esta desaceleración se apoya en factores que no son precisamente señales de recuperación.

La consultora Outlier explicó que la inflación volvió a desacelerar «en parte porque las condiciones fiscales y monetarias no eran conducentes a que la aceleración se sostuviera, en parte porque el shock petrolero va quedando atrás, en parte por la apreciación nominal y real de los primeros cinco meses del año también aportó lo suyo por el lado de los transables».

Por su parte, LCG señaló que, «pasado el shock de febrero y marzo, la inflación vuelve a estacionarse en la zona del 2% mensual, apalancada en el ancla cambiaria, la apertura comercial y una actividad pobre que no habilita la puja distributiva».

Uno de los principales factores detrás de la baja es la caída del consumo. Entre septiembre y marzo, el salario real privado registrado no dejó de retroceder, lo que frenó la recuperación que venía insinuándose desde 2025. En los primeros cuatro meses de este año, el consumo masivo cayó un 3,3% interanual según Scentia, mientras que las ventas minoristas pyme bajaron un 3,1% interanual entre enero y mayo, de acuerdo con datos de la CAME. Ese contexto empuja a empresas y comerciantes a moderar sus aumentos para no perder ventas, lo que actúa como freno de precios pero no como señal de salud económica.

Esa misma caída del consumo golpea la recaudación, que acumuló nueve meses consecutivos de descenso en términos reales hasta abril. En mayo se registró una leve recuperación, aunque la recaudación del IVA volvió a caer, esta vez un 8,1%. Para sostener el superávit fiscal con menos ingresos, el Gobierno realizó recortes adicionales al presupuesto en mayo por 2,4 billones de pesos, lo que afecta especialmente los salarios del sector público y las jubilaciones, cuyo bono permanece congelado en términos reales desde hace dos años.

Otro elemento clave es el atraso cambiario. El tipo de cambio real se ubica en niveles similares a los de octubre de 2024, lo que abarata las importaciones y reduce la presión inflacionaria sobre los bienes transables. Pero ese mismo atraso perjudica a la industria y al comercio, dos de los sectores que más empleo generan.

La producción industrial cayó un 2,8% en abril según el Indec, retomando la tendencia negativa tras el rebote de marzo, y acumula nueve descensos interanuales en diez meses. El comercio, que había encadenado cuatro caídas entre noviembre y febrero, apenas rebotó parcialmente en marzo. En ese marco, el desempleo creció 1,1 puntos en el cuarto trimestre de 2025 respecto al mismo período del año anterior.

De cara al mediano plazo, las perspectivas no mejoran significativamente. LCG proyecta una inflación de entre 31% y 33% para diciembre de 2026 y advierte que los riesgos al alza provienen del calendario de ajustes tarifarios y del precio de los combustibles, además de la incertidumbre sobre la dinámica cambiaria a partir de julio.

Con informacion de Primera Edicion.