La situación de las pequeñas y medianas empresas ya no se explica solo por la caída del consumo. Para Marcelo Fernández, titular de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA), hay un cambio más profundo en el mercado interno: la combinación de apertura importadora, compras por plataformas digitales y contrabando está golpeando al mismo tiempo a la industria y al comercio.
Fernández habló con FM 89.3 Santa María de las Misiones y sostuvo que el deterioro del sector pyme queda reflejado en datos oficiales, no en estimaciones privadas. «El número es oficial. La baja de la actividad, la caída de la capacidad industrial instalada y la caída del poder adquisitivo claramente hablan de cómo está la situación de la pequeña y mediana empresa y de sus trabajadores», planteó.
Con una caída interanual de la actividad industrial del 8,9%, el dirigente señaló que la producción «está por el piso». A ese escenario se suma, según explicó, la política de facilitación de importaciones que el Gobierno nacional aplicó desde el inicio de la gestión. «El mercado interno está inundado de productos de estas características. Lo que han hecho es abaratar los precios, pero han destruido la producción nacional», afirmó.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la advertencia sobre cómo esta crisis afecta también al comercio tradicional, que en otras etapas podía beneficiarse de la venta de productos importados mientras la industria era la que absorbía el impacto. Esa dinámica, según Fernández, ya no existe.
El crecimiento de las plataformas digitales y las compras directas desde el exterior cambiaron el escenario. Para ilustrarlo, el dirigente puso como ejemplo la situación de Posadas. «Imaginen el comercio de Posadas: si todos los posadeños se ponen a comprar a través de plataformas, tiene que cerrar. Porque si todo el mundo compra desde su casa, ¿para qué van a tener comercios?», advirtió.
Fernández también señaló que los comercios minoristas cargan con costos que las operaciones digitales o transfronterizas no tienen: personal, impuestos, alquiler y la obligación de atender reclamos y cambios. «Le llega mal el talle, le llega fallado y no le puede protestar a nadie. En el comercio va, protesta, dice ‘cambiámelo’ y se lo tiene que cambiar», comparó.
En ese marco, sostuvo que industria y comercio quedaron enfrentando el mismo problema. «Si no entendemos esto, evidentemente vamos a lastimar de una manera letal a la producción nacional, que hoy nos vinculó tanto a la industria como al comercio, porque somos primos hermanos. Lo estamos sufriendo los dos», afirmó.
Para Misiones, la advertencia sobre el contrabando tiene una dimensión particular. Fernández reconoció que el ingreso irregular de mercadería en provincias fronterizas es una problemática que ningún gobierno logró resolver. «Hay que agregar algo que ustedes conocen muy bien en Misiones, que es el contrabando, que todavía no se cortó. Esto hay que reconocerlo: no lo cortó ningún gobierno», señaló.
Y agregó: «Hay contrabando de muchos productos terminados que perjudican, porque no pagan impuestos y vienen a precios viles. Entonces, peor todavía. Si hay baja de consumo, son los que tienen más presencia en el mercado».
La cercanía de Misiones con Paraguay y Brasil hace que esta variable sea especialmente sensible para la provincia, donde la competencia fronteriza se combina ahora con la apertura importadora y el comercio digital en un contexto de menor demanda interna.
Fernández también describió una industria que en muchos casos sostiene la actividad con recursos propios, vendiendo prácticamente al costo. El problema, advirtió, es que cualquier intento de recuperar márgenes podría trasladarse a precios, lo que colisionaría con el objetivo oficial de mantener la inflación baja.
En ese sentido, cuestionó que la caída de la inflación no implique necesariamente una mejora para consumidores ni para las empresas, dado que los aumentos en transporte, servicios, energía e intereses financieros siguen presionando sobre todos los actores.
Más allá del diagnóstico coyuntural, el titular de CGERA planteó que el debate de fondo debería centrarse en el modelo productivo que la Argentina quiere sostener. Mencionó sectores como textil, indumentaria, calzado, vidrio, papel, autopartes y metalurgia como ejemplos de ramas que no tienen hoy una discusión seria sobre su futuro.
Si bien reconoció errores propios del sector industrial en etapas anteriores —cuando algunos priorizaron altos márgenes por unidad en lugar de ganar escala con volumen—, sostuvo que la respuesta fue una apertura brusca que no dio margen de adaptación y «pulverizó esa rentabilidad».
Como salida, Fernández propuso acuerdos de precios y salarios y un diálogo sectorial. «Siempre dijimos que las importaciones deben ser complementarias de la producción nacional y no suplementarias. Eso se puede hacer», sostuvo.
También cuestionó que los sectores que hoy traccionan los indicadores macroeconómicos —energía, minería, exportaciones primarias— no generan el volumen de empleo que necesitan los grandes centros urbanos. «Todo lo que genere la minería, que es de poca mano de obra, bárbaro, pero ¿dará trabajo a dos o tres millones de argentinos para que los que se quedan sin trabajo en la industria puedan trabajar de esto?», se preguntó. Y agregó: «Los únicos que dan trabajo en los grandes centros urbanos, como el bonaerense, donde viven 13 o 14 millones de argentinos, es la industria. Si usted la erradica, ¿qué va a hacer toda esa gente?».
Para Fernández, el Gobierno puede mostrar baja de inflación, superávit fiscal y crecimiento, pero esos números todavía no se traducen en recuperación para las pymes, la producción y el empleo. «El tema es qué le llega a la gente de eso», cerró.
Con informacion de Primera Edicion.