Un proyecto para regular la actividad física en la Costanera de Posadas puso en debate dos visiones contrapuestas: quienes ven en la normativa una herramienta necesaria para garantizar seguridad y orden, y quienes consideran que el espacio público ya funciona bien sin intervención regulatoria.
Matías Duarte, instructor de un grupo de running con más de cuatro años de trabajo en la zona, describió una convivencia fluida entre los distintos grupos que entrenan al aire libre. Señaló que los profesores se conocen entre sí, respetan los espacios verdes y evitan horarios sensibles como la siesta o la noche. Frente al proyecto, dijo estar dispuesto a adaptarse: «Mi postura es solamente escuchar, tratar de adaptarme en el proceso. Simplemente adaptarme a lo que salga y obviamente tratar de que, por lo menos en mi grupo, reciban y estemos todo en orden». Agregó que su equipo ya cuenta con capacitaciones en RCP y botiquín, y que todos los instructores a cargo están formados para cuidar la salud de los participantes.
Desde otra perspectiva, Gabriel García, practicante de calistenia, cuestionó la necesidad de regular una actividad que, según él, puede realizarse libremente al aire libre. «No me parece que haya que regularizar algo que se pueda hacer al aire libre sin ninguna mediación. Aquel que quiere exponerse a entrenar al aire libre y estar fuera de un establecimiento, está en cada uno, para mí», sostuvo. Sobre el punto de los seguros, García consideró que cada persona asume sus propios riesgos al elegir entrenar en espacios abiertos y que la responsabilidad es individual.
Juan Pablo Ojeda, otro profesional del deporte, se mostró a favor de la iniciativa. Señaló que lo primero es resguardar la salud del deportista mediante coberturas de seguro, y que sería positivo que cada actividad tuviera su espacio definido para no interferir con otros usos del paseo. Recordó situaciones en las que partidos de vóley o fútbol obligaban a parejas o transeúntes a apartarse, y apoyó la propuesta siempre que sea equitativa para todos.
Marcelo Zembruski, profesor de educación física, fue el más detallado en su análisis. Destacó la importancia de la matriculación a través de la COPEFIN (Consejo Provincial de Educación Física) como mecanismo para avalar a los profesionales. «La idea es que sean profes y matriculados, y la matrícula que tenemos los que estamos afiliados de la COPEFIN es la que avala que por lo menos nosotros podamos trabajar», precisó, y trazó un paralelo con la exigencia de título en la medicina.
Zembruski también subrayó que en su práctica siempre solicita a los alumnos un certificado médico para conocer sus patologías y adaptar el entrenamiento. Mencionó contar con un seguro de praxis que lo cubre a él y a sus alumnos, y relató casos de lesiones ocurridas pese a las precauciones tomadas, como desgarros musculares o fracturas en otros deportes donde los afectados debieron afrontar los gastos solos.
Sin embargo, Zembruski aclaró que la titulación no garantiza por sí sola los conocimientos necesarios: «No por ser profe de educación física vas a tener los conocimientos necesarios porque yo tengo 25 años casi de antigüedad y me he encontrado con muchos profesionales que por ahí no conocen del tema para hacer lo que están haciendo».
El profesor se mostró de acuerdo con la ordenanza, siempre que no implique costos adicionales para los profesionales, e incluyó entre sus condiciones una mejora de la infraestructura del paseo costero. «Si vos me pedís una ordenanza, me sacás una ordenanza municipal, tenés que darme algo en la Costanera. Hoy la Costanera es hermosa, pero hay pocos puestos de agua», planteó, señalando que la creciente demanda de actividad física al aire libre requiere más recursos para poder acompañarla.
Con informacion de Misiones Online.