El dólar volvió a acaparar la atención después de que el tipo de cambio oficial trepara a 1.495 pesos en el Banco Nación y el blue alcanzara los 1.530 pesos, su valor más alto desde enero. En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el posdoctor en Economía Darío Díaz explicó qué está pasando con el mercado cambiario y qué implica para el escenario económico más amplio.
Díaz fue enfático al descartar que el movimiento configure una situación de alarma. «Después de casi cinco meses, el dólar estuvo prácticamente dormido y en este mes se despertó. Pero conviene decir que no se trata de ninguna corrida ni de ninguna posible crisis. El dólar venía tan planchado que estaba quedando barato y en junio comenzó a corregir, nada más», afirmó.
Para el economista, uno de los datos más relevantes no es el valor del dólar en sí, sino la distancia entre las distintas cotizaciones. «El dólar blue anda por los 1.530 pesos, que es su valor más alto desde enero de este año. Y los dólares financieros, el MEP y el contado con liquidación, también se movieron en una franja de entre 1.500 y 1.550 pesos. Ahora, la gran noticia detrás de estos números no es tanto el valor, sino la distancia entre ellos», señaló.
En ese sentido, recordó que durante los años de cepo la brecha entre el dólar oficial y los paralelos llegó al 100% y al 150%. «Esa brecha, que durante años fue una herida abierta, hoy apenas está entre un 2% y un 3%. Entonces, hoy casi todos los dólares cotizan prácticamente pegados», comparó.
Díaz identificó cuatro factores que explican la suba. El primero es el cobro del aguinaldo: más pesos circulando y una parte de ese dinero buscando refugio en moneda extranjera. El segundo es el vencimiento de un bono atado al dólar, lo que impulsó la demanda de divisas. El tercero es el contexto internacional: el real brasileño cayó, las monedas latinoamericanas también, y el peso acompañó esa tendencia. El cuarto es el fin de la cosecha gruesa, que redujo el ingreso de dólares al mercado. Según detalló, el Banco Central pasó de comprar un promedio de 140 millones de dólares diarios en abril y mayo a la mitad en junio.
El economista también ubicó la suba dentro del esquema de flotación entre bandas vigente. Explicó que el tipo de cambio se mueve libremente mientras permanezca dentro de ese rango, y que la autoridad monetaria solo debería intervenir si el dólar alcanzara el techo. «Uno puede preguntarse dónde está ese techo hoy. Está en torno a los 1.800 pesos, y dijimos que el dólar anda por los 1.500. Entonces todavía le queda un 20% para llegar al techo donde el Banco Central se comprometió a intervenir vendiendo dólares», precisó. En esa línea, consideró que «hay margen de sobra todavía para que el Banco Central pueda quedarse mirando sin gastar reservas».
Sobre el frente electoral, advirtió que la incertidumbre política siempre afecta las decisiones de inversión, dado que los inversores necesitan previsibilidad por al menos un par de años. Señaló que el ciclo electoral puede generar dudas sobre si el actual régimen macroeconómico tendrá continuidad o no.
Entre las variables positivas del Gobierno, Díaz mencionó que las reservas del Banco Central rondan los 47.500 millones de dólares y que la inflación, que venía en alza desde mediados de 2025, comenzó a desacelerarse. Indicó que junio podría terminar por debajo del 2% mensual.
Sin embargo, señaló que el problema estructural de la economía está en otro plano: la disparidad entre sectores que crecen y sectores que retroceden. Describió una economía de dos velocidades donde, según los datos del primer trimestre comparados con el mismo período del año anterior, los ganadores son los sectores exportables y financieros: pesca creció 27%, el agro subió 18%, minas y canteras avanzaron 12% y la intermediación financiera trepó 7,5%.
Del otro lado, la industria cayó 1,7%, el comercio 0,3% y el sector público 1,4%. «Cuando uno mira los datos, son más los perdedores que los ganadores. Y acá lo grave es que los perdedores son los sectores que más empleo generan», advirtió.
En cuanto al mercado laboral, Díaz señaló que el problema no está tanto en la destrucción de empleo como en su calidad. Mencionó el crecimiento del cuentapropismo y del empleo informal, y destacó como indicadores preocupantes la tasa de subocupación —personas que trabajan menos de 35 horas semanales pero desearían trabajar más— y la tasa de ocupados que demandan empleo adicional.
Con informacion de Primera Edicion.