La foresto-industria argentina atravesó mayo de 2026 con una producción en caída y un panorama de fuerte asimetría entre los actores del sector. Así lo refleja el informe mensual elaborado por el ingeniero Gustavo Cetrangolo para la Federación Argentina de la Industria de la Madera y Afines (FAIMA), que describe una actividad golpeada por la baja demanda interna, el endeudamiento acumulado y el aumento de las tarifas energéticas.
Según el documento, las empresas más pequeñas son las que peor la están pasando. El relevamiento consigna que la comercialización es errática: «Hay semanas que llegan pedidos y generan una esperanza de continuidad, y semanas posteriores, solo silencio». Este diagnóstico coincide con las advertencias que ya había formulado Enrique Bongers, presidente de la Asociación de Madereros, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (AMAYADAP), sobre la parálisis del consumo y las dificultades para sostener la actividad en la región.
El informe identifica tres ejes críticos para los eslabones más débiles de la cadena. El primero es el endeudamiento: las deudas contraídas para sostener la operación cotidiana empezaron a deteriorar las estructuras contables, agravadas por el incremento en las tarifas eléctricas y una mayor presión de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). El segundo es la paralización: Cetrangolo advierte textualmente en el documento que «las empresas más débiles empiezan a parar, mejor dicho, a cerrar. Otras comienzan una segunda ronda de reducción de personal. Muchas de estas no abrirán más». El tercero es la supervivencia diferencial: los aserraderos medianos con forestación propia logran derivar parte de su producción a la exportación, lo que les da mayor margen de maniobra, aunque con rentabilidades menores.
El informe concluye que el modelo que rigió al sector en décadas anteriores difícilmente se sostenga. La nueva configuración exige consolidación de empresas, escalas mayores, reinversión, productos innovadores e integración a cadenas de valor globales.
En ese contexto, el comercio exterior aparece como el principal sostén para las firmas de mayor tamaño. Las exportaciones de madera aserrada de pino acumularon un crecimiento del 38,54% en los primeros cinco meses de 2026 frente al mismo período del año anterior, impulsadas por la demanda de EE.UU. —donde el Pino Impregnado (APG) mantiene una demanda activa— y del mercado asiático, que se consolidó como el destino más dinámico para madera rústica destinada a la construcción y para embalajes de espesores menores a 18 mm. Las exportaciones de molduras también crecieron un 11,63% interanual en ese período. En cambio, las láminas acumulan una caída del 35% en lo que va del año.
De cara a los próximos meses, las señales no son alentadoras. Los metros cuadrados aprobados para construcción en 247 municipios crecieron un 4,7% en el primer trimestre frente al mismo período de 2025, aunque el informe aclara que los permisos no implican inicio inmediato de obras. La Encuesta Cualitativa de la Construcción del INDEC muestra que el 75,5% de las grandes empresas orientadas a la obra privada no espera cambios en su actividad entre mayo y julio, el 15,1% anticipa una baja y solo el 9,4% proyecta una mejora.
El Índice de Confianza del Consumidor relevado por la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó en 42,71 puntos en junio, con una recuperación mensual del 6,41% pero una caída interanual del 6,09% respecto a junio de 2025.
El contexto internacional tampoco ayuda. Brasil, uno de los principales competidores en madera, vio caer sus exportaciones madereras un 30% en los primeros cuatro meses del año, afectadas por aranceles en EE.UU., tensiones geopolíticas y mayores costos logísticos. En ese mercado norteamericano, la construcción de viviendas nuevas cayó un 2,8% en abril, con una tasa anualizada de 1,47 millones de unidades, presionada por tasas hipotecarias elevadas y presupuestos familiares ajustados.
Con informacion de Misiones Online.