Pese a la lluvia que cayó durante toda la tarde del domingo, unos 30 jóvenes del Hogar de Cristo, pertenecientes a la Casita de San Miguel, realizaron una procesión por calles y avenidas de Posadas. La partida fue desde el predio del Hospital Pedro Baliña, donde funciona ese espacio, y el punto de llegada fue la parroquia San Benito Abad, en la esquina de Calle 135 y avenida Andresito, en el barrio Manantiales.
Los chicos marcharon con antorchas, banderas y bombos, entonando cánticos junto al padre Daniel Pesce. Al llegar a la iglesia, dejaron los elementos de la procesión para participar de la ceremonia del lavado de pies y, luego, de la misa dominical, a la que también se acercaron familiares, amigos y vecinos del barrio que escucharon la llegada del grupo desde afuera.
La caminata se realizó en el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que se conmemora cada 26 de junio. El padre Pesce explicó que el objetivo de la procesión fue «proclamar la vida» y mostrarle al barrio y a la ciudad que los jóvenes de la Casita «siguen teniendo sueños» y «recuperan la vida».
«Salir a la calle con la alegría de comunicar que estamos vivos, con banderas que dicen ‘ni un pibe menos por la droga’ y con ‘la cruz con las cadenas rotas’ del Hogar de Cristo, es llevar a las calles esa alegría, contagiar y decirle a muchos chicos y pibes de las calles que hay una posibilidad, un camino y que las drogas no se llevan todo», afirmó el sacerdote.
Pesce también recordó el origen del rito del lavado de pies dentro del Hogar de Cristo: «es una tradición que nació hace 18 años, cuando el padre Mario Bergoglio, después el Papa Francisco, le lavó los pies a ocho consumidores de paco en Buenos Aires. Ese signo sigue siendo profundo en el Hogar de Cristo, ya que nos sigue poniendo en la dinámica de ponernos al servicio del otro».
Al cierre de su relato, el sacerdote informó que en la Casita de San Miguel viven actualmente 29 jóvenes, con perspectivas de crecer y de poder albergar a más chicos en el futuro.
Uno de los testimonios más fuertes de la jornada fue el de Juan Cruz, de 29 años, oriundo del barrio Santa Rita. Contó que hace más de dos años ingresó al Hogar por primera vez, pero se fue antes de completar el tratamiento y que esa experiencia le sirvió poco. Fue una voluntaria, Claudia, quien lo siguió y lo convenció de volver.
«Estoy hace seis meses y estoy muy contento por todo lo que me está pasando. Invito a esos chicos que también están en consumo a que levanten la mano; sé que cuesta mucho decir ‘yo necesito ayuda’, es la parte más difícil decir yo no puedo solo», expresó Juan Cruz.
El joven contó que antes de llegar al Hogar buscó otras alternativas —terapia, psicólogo— sin resultados. «Hasta que encontré este lugar que me cambió la vida totalmente, fue donde me encontré con Jesús, donde me abrazó», dijo. Hoy, su familia está bien: tiene tres hijas y su madre, según relató, «duerme tranquila» porque antes no sabía si la iban a llamar para darle malas noticias.
Juan Cruz todavía no terminó el tratamiento, que dura un año y tres meses, pero ya tiene claro qué quiere hacer cuando lo complete: quedarse en la Casita para acompañar a otros chicos que recién ingresan.
Con informacion de Primera Edicion.