A treinta años de su muerte, Misiones recuerda a Teodoro Cuenca, el cantor que dio voz a los ritmos de la tierra colorada

Treinta años atrás, el 29 de junio de 1996, moría en Oberá Teodoro Cuenca, uno de los referentes más comprometidos de la música popular misionera. Había nacido en esa misma ciudad el 9 de noviembre de 1950, y al día siguiente de su fallecimiento fue sepultado en Garupá.

Quienes lo acompañaron en sus últimos días cuentan que se fue con la satisfacción de haber cumplido un sueño: grabar «Misionerita», uno de los 16 temas de su último trabajo discográfico, «Misiones, la magia de un sueño», editado en 1995.

A lo largo de su carrera, Cuenca grabó seis discos. El primero fue «Folclore 78» (1978), junto al Dúo Alborada. Le siguieron «Nombrando a mi gente» (1981), «Un día en tu vida» (1982), «Para volver a Misiones» (1986), «Teodoro Cuenca y el canto de Misiones» (1988) y el mencionado trabajo final de 1995.

Su impronta fue la búsqueda de un sonido y una identidad propios para la música misionera, lo que lo llevó a confrontar con quienes, según su mirada, no reconocían el valor cultural de los pueblos. Esa postura le cerró puertas con el tiempo.

María Martínez, su compañera de vida, explicó en una oportunidad que el camino de Cuenca estuvo marcado tanto por logros como por sinsabores: «él no logró un éxito total, fue poco a poco, no se puede decir que llegó a un lugar y se hizo famoso». Martínez lo acompañó de manera incondicional, aun cuando perseguir esos anhelos significó atravesar momentos de bancarrota.

Los músicos misioneros lo recuerdan no solo por su forma de cantar el chotis, la galopa misionera, el rasguido doble, la polca rural, el gualambao y el chamarrón, sino también por su solidaridad y su disposición permanente a tender una mano a sus colegas, sin pedir nada a cambio.

Con informacion de Primera Edicion.