Niebla mental en la menopausia: qué le ocurre al cerebro y cómo manejarlo, según especialistas

Para muchas mujeres, la menopausia no empieza con sofocos ni irregularidades menstruales, sino con una sensación más sutil: les cuesta encontrar una palabra, pierden el hilo de una conversación o sienten que no pueden sostener tareas que antes hacían sin esfuerzo. Ese fenómeno tiene nombre clínico y explicación científica.

La licenciada en Psicología Carolina Zeballos, del Departamento de Neuropsicología de INECO, señaló que «la niebla mental es uno de los síntomas cognitivos más frecuentes durante la transición menopáusica» y que entre el 40% y el 60% de las mujeres «refieren dificultades para encontrar palabras, mantener la atención, recordar información reciente o realizar varias tareas al mismo tiempo».

La doctora Gladys Fernández, jefa de la Sección Endocrinología Ginecológica y Climaterio del Hospital de Clínicas de la UBA, describió las manifestaciones concretas: «Alteraciones leves de la memoria y de la atención, incluyendo dificultad para recordar palabras, nombres, historias o números, mantener un hilo de pensamiento, concentrarse, o recordar qué se estaba buscando o haciendo».

La doctora Yasmin Mehanna, tocoginecóloga del mismo hospital, precisó que estudios científicos demostraron que «estas alteraciones cognitivas no se explican únicamente por el envejecimiento, sino que estarían relacionadas con las fluctuaciones hormonales y, especialmente, con la disminución de los niveles de estrógenos producida durante la transición tardía a la menopausia y los primeros años posteriores a la última menstruación».

Fernández y Mehanna subrayaron que estos síntomas «suelen comenzar durante la transición a la menopausia, especialmente en la etapa tardía», y que en la mayoría de los casos «mejoran o desaparecen en la postmenopausia», aproximadamente dos años después de la última menstruación, cuando los niveles hormonales alcanzan cierta estabilidad.

Un punto que las especialistas enfatizaron es la diferencia con las demencias. Fernández y Mehanna remarcaron que la gran mayoría de las mujeres con niebla mental durante esta etapa «no desarrollará enfermedad de Alzheimer ni otro tipo de demencia». La distinción es clínica: mientras que las alteraciones propias de la menopausia son leves y transitorias, «las demencias suelen presentar un deterioro progresivo que interfiere con la autonomía y las actividades de la vida diaria».

Zeballos aclaró que, en la mayoría de los casos, la mujer «nota que le cuesta más, pero sigue siendo capaz de desempeñarse en su trabajo, administrar su hogar y mantener su autonomía». Sin embargo, marcó cuándo sí conviene consultar: «Cuando los problemas cognitivos se acompañan de un deterioro progresivo, afectan la funcionalidad cotidiana o son observados claramente por otras personas».

También advirtió que ansiedad, estrés y falta de sueño pueden confundirse con problemas de memoria: «Muchas veces el problema no es que la memoria esté ‘dañada’, sino que el cerebro tiene menos recursos disponibles para codificar la información».

En cuanto a estrategias, Zeballos recomendó «no intentar ‘forzar’ la memoria, sino ayudar al cerebro a trabajar de manera más eficiente». Entre las herramientas que mencionó: reducir la multitarea, usar agendas y recordatorios, asociar información nueva con algo conocido, repetir activamente los datos y disminuir las interrupciones. «Utilizar agendas, calendarios digitales, listas visibles y recordatorios no significa que la memoria esté fallando, sino que se está optimizando el funcionamiento cognitivo», sostuvo.

La neuropsicóloga también propuso un cambio de perspectiva: «Parte del trabajo consiste en reemplazar la idea de ‘antes podía hacer todo’ por una pregunta diferente: ‘¿Qué necesita hoy mi cerebro para funcionar bien?'». Esto, explicó, se debe a que el cerebro en esta etapa «está atravesando una reorganización neurobiológica influenciada por la disminución de estrógenos», lo que no implica que funcione peor, sino que requiere otras estrategias.

Respecto al estado de ánimo, Zeballos consideró esperable que durante la transición menopáusica aparezcan cambios emocionales, mayor sensibilidad o irritabilidad, pero señaló señales de alerta que ameritan consulta: malestar que persiste varias semanas, interferencia con el trabajo o las relaciones, crisis de ansiedad frecuentes, pérdida de interés por actividades antes placenteras, insomnio persistente o sentimientos de desesperanza. «La menopausia puede aumentar la vulnerabilidad emocional, pero eso no significa que haya que naturalizar un sufrimiento importante», advirtió.

La médica endocrinóloga Laura Maffei señaló además que la disminución de hormonas sexuales «también afecta nuestra respuesta al estrés, haciéndola más sensible», y alertó que el estrés crónico puede agravar los síntomas. También apuntó al peso cultural del tema: la menopausia «sigue siendo un tema tabú, asociado erróneamente con el envejecimiento y la pérdida de vitalidad».

Con informacion de Misiones Online.