La crisis de Lácteos Verónica no encuentra salida. Sus plantas ubicadas en Suardi, Lehmann y Totoras permanecen paralizadas desde hace meses, mientras crecen las deudas con productores tamberos, los salarios impagos y las causas judiciales presentadas por damnificados. El silencio de la empresa, de las autoridades provinciales y del sindicato domina el panorama.
Cecilia Sedran, productora de San Genaro, describió un conflicto completamente estancado. «Está todo en silencio. No se escucha más nada, no se escucha ni al sindicato», afirmó. Según explicó, la ausencia de novedades no es señal de mejora sino de parálisis total.
El pasivo de la empresa no tiene cifra oficial, pero durante los primeros meses del conflicto se estimó en torno a los 70 millones de dólares, de los cuales entre el 40% y el 50% correspondería a deudas con productores. Unos 160 tamberos resultaron afectados, con reclamos que van desde los 50 millones hasta cerca de 900 millones de pesos según cada caso.
Ante la falta de respuestas, un grupo reducido de damnificados inició acciones judiciales por presunta estafa. «Muchos no iniciaron nada porque no lo ven viable», señaló Sedran, quien también reconoció que la escasa comunicación entre los propios afectados dificulta avanzar en forma conjunta. Las reuniones virtuales con representantes del Ministerio de Producción provincial, según denunció, no derivaron en ninguna medida concreta.
A ese cuadro se sumó el fracaso de una posible venta de una de las plantas: el acuerdo estuvo a punto de firmarse pero se cayó pocas horas antes de concretarse. Sedran también mencionó que el sector lácteo santafesino atraviesa otros conflictos similares, como el de Sudamericana de Lácteos en la localidad de Díaz, donde un cambio de propietarios tampoco pudo cerrarse por diferencias con el gremio ATILRA.
Del lado de los trabajadores, la situación es igualmente crítica. Juan Orona, empleado de la empresa, relató que quienes tienen algún oficio comenzaron a hacer changas para sostener a sus familias. «Desde hace tres meses no tenemos respuestas, estamos a la deriva», afirmó.
Orona detalló que en abril la empresa notificó mediante telegramas una reducción de jornada a cuatro horas, aunque las plantas siguen sin actividad. En la planta de Clason la situación se agravó aún más: desde enero los trabajadores dejaron de cobrar y algunos optaron por considerarse despedidos para buscar otro empleo, según denunció, incluso con el suministro eléctrico cortado.
El trabajador también apuntó contra la inacción de los organismos públicos. «Tanto el Ministerio de Trabajo de la Nación como el de la Provincia permanecen ausentes», sostuvo, y señaló que los únicos avances dependen de los abogados contratados por los propios empleados.
Con causas judiciales en curso, plantas sin actividad y sin señales de reactivación, la crisis de Lácteos Verónica mantiene en vilo a cientos de familias de la cuenca lechera santafesina que buscan respuestas en medio del silencio institucional.