El receso escolar de invierno arranca con la promesa del descanso, pero para muchas familias también trae una pregunta concreta: qué hacer con los chicos cuando los adultos siguen yendo a trabajar.
Myrian Báez, magíster en Psicopedagogía, profesora en Educación Especial y doctoranda en Pedagogía, habló sobre el tema en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones. «Es una instancia para celebrar para muchos, aunque también puede resultar preocupante para otros, porque venimos de una primera etapa del año con rutinas ya establecidas y ahora hay que hacer un parate», señaló.
Báez subrayó que el receso tiene un fundamento que va más allá de lo recreativo. Desde la neurociencia y la neurobiología, explicó, el cerebro necesita ese tiempo para consolidar los aprendizajes acumulados en la primera mitad del año y recuperar energía para lo que resta del ciclo lectivo.
Uno de los puntos que más destacó fue el valor del ocio e, incluso, del aburrimiento. «El ser humano, no solo los niños, necesita este tiempo de ocio. De alguna manera, las posibilidades de simplemente estar o aburrirnos nos brindan la oportunidad de crear, inventar y poner en juego saberes que muchas veces permanecen dormidos dentro de nosotros», explicó.
Para quienes buscan ideas concretas, la especialista propuso una dinámica simple: llenar un frasco con papelitos que contengan distintas actividades —salidas, cocinar juntos, ir al cine o al teatro, pintar— y sacar uno al azar cada día. «Es uno de los recursos que se están utilizando y tiene bastante éxito. Desde la psicopedagogía nos invita a pensar qué podemos hacer sin matar el aburrimiento, porque el aburrimiento es importante», remarcó.
En cuanto a la organización del hogar durante estos días, Báez recomendó mantener cierta estructura sin caer en la rigidez. Conservar horarios de comidas y meriendas, señaló, ayuda a sostener un marco cotidiano que previene la ansiedad y la desorganización. «Si de golpe decimos que cada uno se levanta, come o se acuesta cuando quiere, eso va a producir mucha más ansiedad y desorganización. Va en contra de lo que pretende ser un receso», advirtió.
Sobre la práctica de algunos padres de usar el receso para que los hijos con dificultades académicas estudien o hagan tareas, la psicopedagoga fue directa: «No estoy de acuerdo con hacer tareas en vacaciones, sobre todo como castigo. Me parece que no suma en absoluto y termina siendo contraproducente».
Cerró la entrevista recordando que el aprendizaje no ocurre solo en el aula. «Las vacaciones están justamente para favorecer ese desarrollo evolutivo, emocional, social y cognitivo. Si todo eso se vive con amor, los resultados serán mucho mejores», concluyó.
Con informacion de Primera Edicion.