Oberá llega hoy a sus 98 años con una identidad que pocas ciudades del país pueden igualar: más de veinte nacionalidades de Europa, Asia y América se fueron entrelazando en esa tierra colorada del centro de Misiones para dar forma a lo que hoy es una de las localidades más reconocidas de la provincia.
La historia oficial arranca en 1908, cuando el agrimensor Francisco Fouilland fue contratado por el gobierno territorial para mensurar el tramo entre la Colonia Picada Bonpland y Yerbal Viejo. El trabajo dividió la zona en tres secciones. La tercera de ellas sería, con el tiempo, la actual Oberá. Por entonces, toda la franja recibía el nombre de «Picada Finlandesa», ya que los primeros colonos llegados en 1909 a la sección primera eran casi exclusivamente de Finlandia.
La sección donde hoy se asienta la ciudad comenzó a poblarse en 1912. Entre los primeros en llegar figuran Pedro y Juan Constantín (franceses), Thorleif Bogh y Gúnnar Qviding (noruegos), Carlos Eckström y Herman Kallsten (suecos), Samuel Hahstrasser y Herman Rudel (alemanes), y Luciano Blanchard y Mauricio Bruel, también franceses.
Un capítulo clave de ese proceso de poblamiento lo protagonizaron los inmigrantes suecos. En 1908, cuatro de ellos —los hermanos Kallsten, Halar Bengelsdorf y los hermanos Carlos y Guillermo Petersson— exploraron esas tierras desde Bonpland, donde estaban asentados tras haber emigrado previamente desde Brasil. Volvieron entusiasmados con lo que encontraron: tierra roja, sin piedras y con condiciones prometedoras. Aunque los colonos más ancianos se resistían al traslado, la insistencia de los exploradores y las buenas condiciones que ofrecía el gobierno —lotes de entre 50 y 70 hectáreas pagaderos en seis años— terminaron por inclinar la balanza.
En 1913, una parte importante del grupo resolvió el traslado en masa a Yerbal Viejo. Recorrieron unos 60 kilómetros en dos días, abriendo camino a machetazos por la selva y cruzando arroyos. Una vez instalados, comenzaron a aserrar madera a mano para construir sus viviendas. Con el tiempo, más familias llegaron desde Brasil, convirtiendo al lugar en la mayor colonia sueca de América Latina. El Parque Sueco fue el primer asentamiento formal, en 1913.
La creación oficial del pueblo tuvo un impulso decisivo en 1918, cuando el gobernador de Misiones Héctor Barreyro visitó la colonia y adquirió tierras en lo que hoy es el centro de la ciudad. El crecimiento sostenido llevó al gobierno a reglamentar la Comisión Vecinal en 1926, que funcionó hasta marzo de 1928 cuando se constituyó la primera Comisión de Fomento.
Meses después, el 9 de julio, se realizó la fundación oficial. El acto tuvo lugar en la plaza San Martín, con presencia de suecos, alemanes, noruegos, finlandeses, dinamarqueses, polacos, italianos, ucranianos, rusos y una tribu de aborígenes guaraníes que habitaban la región.
El nombre de la ciudad tiene dos versiones. Una lo vincula al guaraní «o-vera», que significa «lo que brilla». La otra lo asocia al cacique «Overa», convertido al cristianismo y conocido como «el resplandeciente del sol». En la reunión de la Comisión Vecinal donde se debatió el nombre, los inmigrantes propusieron «Svea» y los criollos «Colonia Nueva Argentina». Fue el gobierno quien propuso «Oberá», en homenaje tanto a la lengua guaraní como al cacique que habitó la región del Plata. Ese nombre fue el elegido.
El escudo de Oberá se creó en 1968, al cumplirse 40 años de la fundación. El entonces intendente Eduardo Mardar convocó a un concurso público del que resultaron seleccionados anteproyectos de Pablo Lucero, Ada Sartori de Venchiarutti y el profesor Alberto Musso, quien integró los elementos de ambos trabajos y añadió creaciones propias para darle la forma definitiva. De diseño circular, el escudo incluye una rosa de los vientos, una cinta patria celeste y blanca, hojas verdes, el sol y un engranaje, además de la inscripción «Ciudad de Oberá, Provincia de Misiones».
La bandera municipal llegó más tarde: fue creada mediante la Ordenanza N°1.144 en 1997, tras un concurso del que resultó ganador el diseñador gráfico Jorge De France. Sus colores son el rojo intenso, el blanco y el verde selva, cada uno con una carga simbólica asociada a la tierra, la transparencia en la gestión y la naturaleza misionera.
Con informacion de Primera Edicion.