Cada vez más personas recurren a plataformas de inteligencia artificial para hablar de sus emociones, buscar orientación ante situaciones difíciles o encontrar contención frente a la ansiedad y la depresión. El fenómeno preocupa a los especialistas en salud mental.
El licenciado Alejandro Benegas, máster en Psicología de la Salud, analizó esta tendencia en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones y fue directo: «Nada reemplaza al profesional de la salud mental».
«Es realmente preocupante que muchas personas estén utilizando la inteligencia artificial como sustituto de la consulta psicológica. Una cosa es realizar preguntas generales y otra muy distinta es abordar problemas emocionales profundos o tratamientos de salud mental», afirmó.
Para ilustrar los riesgos, Benegas mencionó un caso ocurrido en Estados Unidos: «Hubo un caso en California de un adolescente de 16 años que mantenía consultas constantes con una inteligencia artificial y terminó suicidándose. Los padres iniciaron acciones legales y el caso tuvo enorme resonancia porque la comunicación con la IA fue señalada como un elemento que influyó en ese desenlace fatal». El especialista aclaró que se trata de un ejemplo extremo, pero consideró que evidencia las limitaciones de estas herramientas ante situaciones clínicas complejas.
Según Benegas, detrás del fenómeno hay dos factores principales: la disponibilidad inmediata y el costo. «Todos tienen un celular en la mano. La inteligencia artificial está disponible las 24 horas y responde en segundos. Muchas personas sienten que pueden obtener una orientación sin tener que pedir un turno o afrontar un costo».
El especialista explicó que los sistemas de IA están diseñados para mantener la conversación y simular cercanía. «Hoy los sistemas procuran mostrar cierta empatía con el consultante. La persona siente que alguien la escucha y la comprende, pero en realidad está interactuando con un chatbot basado en algoritmos».
Ese diseño puede volverse problemático en momentos de crisis, señaló Benegas, porque a diferencia de un profesional, la IA tiende a la validación permanente. «La inteligencia artificial procura generar un vínculo de aprobación con quien consulta. En cambio, un profesional muchas veces tiene que decir un rotundo no, poner límites y actuar con criterios éticos».
Otro punto central que marcó el especialista es que la terapia va más allá del intercambio de palabras. «El profesional puede interpretar aspectos que no aparecen en un texto escrito. La inteligencia artificial no puede captar el lenguaje no verbal ni comprender en profundidad la realidad de la persona». Ese proceso, explicó, es lo que se conoce como vínculo terapéutico, considerado fundamental para el éxito de cualquier tratamiento.
Benegas también puso en contexto la magnitud del problema. Señaló que cerca del 45% de las consultas en el mundo están relacionadas con la salud mental y que, tras la pandemia de COVID-19, los cuadros de depresión, ansiedad y estrés crecieron de manera marcada. «Los suicidios también aumentaron notablemente», indicó.
En ese marco, el especialista planteó una reflexión sobre el rol de la sociedad en su conjunto. «Todos debemos convertirnos en personas más empáticas. Muchas veces detrás de una sonrisa hay un mundo de tristeza, desesperanza y problemas que la persona siente que no puede resolver».
Y cerró con una idea que atravesó toda la entrevista: «La persona no quiere terminar con su vida; quiere terminar con el sufrimiento. Cuando se siente desbordada y sin salida, cree equivocadamente que esa es la única solución».
Durante la misma entrevista, Benegas desarrolló el concepto de cuatro tipos de inteligencia que conviven en la actualidad: la digital, la artificial, la emocional y la espiritual. Según explicó, distinguirlas resulta clave para usar la tecnología de manera saludable y fortalecer los vínculos humanos.
Sobre la inteligencia digital, señaló que no alcanza con saber manejar un dispositivo: implica también preguntarse cómo, cuándo y para qué se usa la tecnología. «Tenemos que aprender a convivir con la tecnología, no permitir que la tecnología gobierne nuestra vida», resumió.
Respecto de la inteligencia artificial, reconoció sus beneficios en educación, investigación y organización, pero insistió en sus límites: «La inteligencia artificial puede responder, puede orientar en determinadas cuestiones generales, pero no tiene emociones, no tiene experiencia humana, no tiene una historia personal ni puede establecer un vínculo terapéutico». Y advirtió: «El problema aparece cuando intentamos colocar a la inteligencia artificial en un lugar que no le corresponde».
Con informacion de Primera Edicion.