El gobierno de Estados Unidos salió a aclarar su posición tras la polémica desatada por la presencia de una bandera de las Islas Malvinas en el partido entre Argentina e Inglaterra durante el Mundial. La imagen se viralizó y generó reacciones políticas tanto en Buenos Aires como en Londres.
Desde el Departamento de Estado precisaron que Washington «no toma posición sobre símbolos exhibidos por hinchas en eventos deportivos» y que su política respecto de la disputa de soberanía «permanece sin cambios». Esa postura histórica implica respaldo formal al Reino Unido, aunque sin intervenir en manifestaciones civiles.
La bandera fue desplegada por simpatizantes argentinos en una tribuna y desencadenó un intercambio diplomático menor. Según informaron The Guardian y BBC Sport, la Federación Inglesa transmitió su preocupación a la FIFA por la presencia de símbolos «políticamente sensibles». La Asociación del Fútbol Argentino, en cambio, prefirió no pronunciarse y calificó el hecho como una expresión espontánea de los hinchas.
La FIFA recordó que su reglamento prohíbe mensajes políticos en los estadios, pero aclaró que la bandera no incluía consignas explícitas. La intervención del personal de seguridad se limitó a retirar el paño para evitar incidentes, sin que el organismo lo considerara una violación reglamentaria.
En Argentina, el episodio fue aprovechado por distintos sectores para volver a instalar el debate sobre la soberanía. Voceros del gobierno señalaron que la presencia de la bandera refleja «el sentimiento histórico del pueblo argentino», mientras que dirigentes opositores cuestionaron la utilización del Mundial como escenario para reivindicaciones nacionales.
El canciller Pablo Quirno optó por no confrontar con Londres y afirmó que la cuestión de Malvinas «se discute en ámbitos diplomáticos, no en estadios», aunque remarcó que Argentina sostiene su reclamo de soberanía ante Naciones Unidas. El Comité de Descolonización de ese organismo volvió a instar al Reino Unido a reanudar negociaciones en junio.
Analistas citados por Foreign Policy indicaron que la Casa Blanca evita involucrarse en gestos simbólicos que puedan interpretarse como apoyo a alguna de las partes en un conflicto territorial. El contexto es relevante: desde 2024, Washington busca mantener una relación equilibrada con Buenos Aires y Londres, en medio de una mayor cooperación militar entre Estados Unidos y Argentina y el respaldo de la administración Trump al alineamiento geopolítico del gobierno de Javier Milei.
En el Parlamento británico, algunos legisladores conservadores reclamaron sanciones deportivas contra Argentina por, según dijeron, «politizar el fútbol». Sectores laboristas pidieron moderación y recordaron que la FIFA no sancionó el hecho.
En Argentina, organizaciones de veteranos de la guerra celebraron la aparición de la bandera y criticaron la decisión de retirarla. Especialistas en derecho deportivo señalaron que la FIFA suele aplicar criterios amplios cuando se trata de símbolos nacionales sin consignas explícitas.
No es la primera vez que ocurre algo similar. En 2025, un mural con la silueta de las islas en un partido de Copa Libertadores motivó un reclamo formal de la embajada británica en Buenos Aires. En 2024, una bandera parecida en un partido de rugby en Santiago de Chile abrió un debate regional sobre la politización del deporte, según informó el diario La Tercera.
Con informacion de Primera Edicion.