La forestoindustria misionera busca nuevos caminos en un contexto económico adverso. Según el ingeniero forestal y consultor en industrias agroforestales Ronald Vera, el aprovechamiento de residuos mediante biomasa es una de las oportunidades más concretas que tiene el sector para diversificar ingresos. Así lo planteó en una entrevista con LT 17 Radio Provincia de Misiones.
Vera recordó que Misiones sigue siendo la principal provincia forestal y forestoindustrial del país, con alrededor de 370.000 hectáreas destinadas a esa actividad. Sin embargo, advirtió que el sector atraviesa una etapa de transformación impulsada por cambios tecnológicos, nuevos mercados y modelos de producción distintos a los tradicionales. «La forestoindustria está atravesando momentos de grandes cambios. Aparecen nuevas tecnologías en los aserraderos que antes ni pensábamos que podían llegar a esta actividad», señaló.
Sobre la situación actual, el especialista indicó que la caída del mercado interno golpea con fuerza a las pequeñas y medianas empresas del rubro. «La realidad del sector es que la situación económica está impactando muy fuertemente en el sector maderero», sostuvo, y añadió que el aumento de costos y los problemas en la cadena de pagos deterioran la rentabilidad de muchos aserraderos.
En ese marco, Vera puso el foco en los residuos que genera el proceso productivo. Explicó que una parte significativa del material que entra a un aserradero no llega a convertirse en tabla por falta de infraestructura adecuada. «Yo meto una tonelada de rollo en el aserradero, saco media tonelada de tabla. Hay un altísimo porcentaje de material que se desaprovecha porque no tenemos infraestructura para aprovecharlo», detalló.
Ese descarte, según el consultor, puede transformarse en pellets, biomasa para generación eléctrica u otros productos industriales. «Tal vez el negocio no esté en la madera. La madera que produce le va a servir para abastecer mercados nacionales e internacionales, pero a lo mejor su rentabilidad esté en el producto energético que obtenga de la madera», planteó.
Vera también se refirió al costo creciente de modernizar un aserradero: mientras hace algunas décadas una instalación podía costar unos 600.000 dólares, hoy puede superar los 3 millones, y el acceso al financiamiento sigue siendo una barrera para muchas empresas.
Otro cambio que describió es el perfil de los trabajadores que demanda la industria actualizada. «Cuando empecé en los 90, para elegir personal nos fijábamos más en su físico. Hoy nos están faltando ingenieros electrónicos, mecatrónicos, especialistas en programación e ingenieros en medio ambiente», afirmó.
Por último, Vera planteó que el rol del Estado debe orientarse a garantizar el cumplimiento normativo, facilitar el acceso al crédito y estrechar el vínculo con los productores e industriales. «El gobierno tiene que fiscalizar que se cumplan las leyes laborales y ambientales, acompañar a los inversores, acompañar a buscar créditos y tener más cercanía con el productor y el industrial», concluyó.