La noche del 29 de julio de 1966 quedó grabada en la historia argentina como la Noche de los Bastones Largos. Esa madrugada, efectivos policiales irrumpieron en cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y expulsaron a golpes a docentes y estudiantes que resistían la intervención dispuesta por el régimen militar encabezado por el general Juan Carlos Onganía, quien había llegado al poder un mes antes, el 28 de junio, tras el derrocamiento del presidente Arturo Umberto Illia.
A la salida de cada edificio, una doble fila de agentes blandía largos bastones de goma con los que golpeaba a quienes eran arrojados a la calle. La escena se repitió en cada una de las facultades ocupadas en señal de protesta.
La intervención puso fin a la autonomía universitaria consagrada por la Reforma de 1918 y desencadenó una ola de renuncias y exilios. Cientos de docentes, investigadores y científicos dejaron sus cargos y emigraron hacia universidades de otros países. Entre los primeros en partir figuraron Manuel Sadosky, Tulio Halperín Donghi, Sergio Bagú, Gregorio Klimosky, Mariana Weissman y Risieri Frondizi, entre otros.
Este último tenía un vínculo directo con Misiones: había nacido en Posadas el 20 de noviembre de 1910. Filósofo y antropólogo, fue rector de la UBA entre el 27 de diciembre de 1957 y el 28 de diciembre de 1962, y durante su gestión se creó la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba). Era hermano del expresidente Arturo Frondizi (1958-1962) y falleció en 1985.
La represión en los claustros no se limitó a esa noche. El 6 de septiembre de 1966, el estudiante Santiago Pampillón murió en Córdoba en el marco de la represión universitaria. Y el proceso de restricciones al acceso y primeras medidas de arancelamiento siguió alimentando la ebullición estudiantil que estallaría en mayo de 1969 con el Correntinazo, donde fue asesinado el estudiante de Medicina Juan José Cabral.
Ese mismo mes, el 29 de mayo de 1969, el Cordobazo expresó la confluencia del descontento obrero y estudiantil. Estallidos similares se sucedieron en Rosario, La Plata, Buenos Aires y Tucumán, y fueron erosionando la legitimidad del régimen. En 1970, Onganía fue desplazado por sus propios pares y reemplazado por el general Roberto Marcelo Levingston, quien a su vez cedería el lugar nueve meses después al general Alejandro Agustín Lanusse. Este último terminaría convocando a elecciones y entregando el gobierno al radical del pueblo Héctor José Cámpora en 1973.
La alternancia entre gobiernos civiles débiles y dictaduras se prolongó hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia y se abrió el ciclo democrático ininterrumpido que llega hasta hoy.
(Nota original de Alcides Martín Pelozo, publicada el 31 de julio de 2016 en el suplemento Enfoque de Primera Edición.)
Con informacion de Primera Edicion.