Las lluvias abundantes son beneficiosas para la producción agropecuaria, pero cuando caen de manera intensa y concentrada pueden generar erosión, anegamientos y pérdida de fertilidad. En Misiones, donde predominan los terrenos con pendiente, esos riesgos son mayores que en otras zonas del país.
Especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) elaboraron una serie de recomendaciones dirigidas a productores y municipios para reducir los daños que provocan las precipitaciones extraordinarias. El foco no está puesto solo en los cultivos: también importa conservar el suelo, proteger la calidad del agua y mantener transitables los caminos rurales.
Sebastián Barbaro, especialista en manejo y conservación de suelos del INTA Cerro Azul, subrayó que la preparación debe hacerse antes de que lleguen los problemas. «Muchas veces pensamos en las lluvias intensas recién cuando empiezan los problemas, pero la mayor parte de las prácticas que reducen la erosión y protegen la infraestructura deben implementarse antes», señaló.
La primera recomendación es mantener el suelo cubierto durante todo el año, ya sea con vegetación espontánea o con cultivos de cobertura. La cobertura vegetal amortigua el impacto de las gotas de lluvia, reduce el escurrimiento superficial y favorece la infiltración del agua. Las raíces, además, estabilizan la estructura del suelo y limitan el arrastre de partículas, una de las principales causas de pérdida de fertilidad.
La segunda práctica consiste en realizar siembras, plantaciones y labores agrícolas siguiendo las curvas de nivel del terreno. Cada hilera funciona como una pequeña barrera que frena la velocidad del agua pendiente abajo, lo que favorece su infiltración y disminuye su capacidad erosiva.
En tercer lugar, el INTA recomienda construir terrazas de desagüe dentro de los lotes. Estas estructuras, compuestas por un camellón y un canal, interceptan el escurrimiento superficial y lo conducen hacia desagües seguros, evitando la formación de cárcavas.
Como complemento, se sugiere establecer barreras vivas con especies perennes sobre las curvas de nivel y combinar distintos cultivos en franjas. Estas técnicas retienen sedimentos, mejoran la infiltración y contribuyen a conservar la fertilidad.
Un error frecuente en las explotaciones misioneras, según el especialista, es intervenir las zonas bajas por donde naturalmente escurre el agua: bajos, depresiones y zanjones. Cuando esos sectores se alteran con labores de suelo o siembras, aumentan los riesgos de anegamiento y erosión. Respetar esos drenajes naturales permite evacuar el excedente hídrico sin dañar cultivos ni infraestructura.
Finalmente, las recomendaciones alcanzan a los caminos rurales. Limpiar cunetas y alcantarillas, mantener los drenajes, recuperar el perfil de los caminos y controlar las cárcavas son tareas prioritarias que, además de facilitar el tránsito, reducen el arrastre de sedimentos hacia arroyos y vertientes.
Barbaro insistió en que ninguna de estas prácticas es suficiente por sí sola. «Lo importante es combinarlas de acuerdo con las características de cada lote. La cobertura del suelo, las curvas de nivel, las terrazas y el respeto por los drenajes naturales forman parte de una estrategia integral para conservar el recurso más valioso que tiene cualquier sistema productivo», indicó.
El técnico advirtió que una vez iniciadas las precipitaciones extraordinarias, muchas obras de conservación ya no pueden ejecutarse o resultan mucho más costosas. Preparar los lotes con anticipación es, en definitiva, la manera más eficiente de reducir pérdidas económicas y preservar el suelo.