La mandioca es un cultivo arraigado en Misiones, pero el INTA trabaja para modificar sus tiempos de producción y lograr que llegue al mercado fresco durante las fiestas de verano. El objetivo es obtener lo que se conoce como mandioca primicia, con raíces de entre siete y nueve meses de desarrollo.
Rafael Feltan, ingeniero agrónomo del organismo, explicó que el trabajo apunta a anticipar la cosecha iniciando las plantaciones entre julio y agosto. De esa manera, el cultivo llegaría a febrero o marzo con el desarrollo necesario para su comercialización.
«Estamos haciendo diferente tipo de evaluaciones, sobre todo por ahí enfocarnos más en el tema de anticiparnos a la cosecha», señaló Feltan. La estrategia incluye comenzar el cultivo en vivero antes de trasladarlo al campo.
En Misiones, la mandioca tiene dos destinos principales: la industria —para producción de fécula y almidón— y el mercado fresco o el autoconsumo. Esa diferencia determina las variedades utilizadas y el modo de plantarlas.
Para uso industrial se emplean variedades blancas, de crecimiento vertical y poca ramificación, que permiten densidades de entre 10.000 y 12.000 plantas por hectárea con marcos cercanos al metro por metro. Para el mercado fresco, en cambio, se utilizan variedades de cáscara negra —conocidas como paraguayas—, que requieren mayor espacio por su ramificación.
Uno de los materiales bajo evaluación es la Paraguaya Cerro Azul, variedad inscripta por el INTA y usada como referencia para estudiar el adelanto de la producción.
El clima es un factor determinante. En los meses fríos, la planta percibe el descenso de temperaturas y el acortamiento de los días, y entra en dormancia. «Cuando llega el invierno, caen las hojas, queda en dormancia, el cultivo no sigue creciendo», describió Feltan. Este proceso comienza habitualmente entre marzo y mayo.
Por eso, plantar en julio y agosto permite aprovechar el ciclo de crecimiento completo antes de que el frío detenga la planta, y alcanzar el tamaño comercial en el verano siguiente.
El INTA también trabaja en la conservación del material vegetal. La experimental cuenta con una colección de entre 30 y 35 variedades de mandioca. Durante el invierno, las ramas se almacenan en posición vertical y se cubren con mallas para protegerlas de las heladas, preservando su capacidad de brotación. Alrededor de agosto o septiembre se retiran, se acondicionan y se preparan para el nuevo ciclo.
La propagación se realiza mediante ramas o estacas, cortadas en segmentos de cinco a siete nudos. Antes de usarlas, se recomienda verificar que el tejido interno esté verde y presente látex, señal de que el material conserva su vigor.
En cuanto al suelo, además del uso tradicional de rastra, el INTA recomienda incorporar subsolador para marcar las líneas de plantación. El control de malezas es clave en las primeras etapas, hasta que la planta logra cubrir el terreno.
Sobre la fertilización, todavía poco extendida entre los productores, Feltan subrayó la importancia del material de partida: «Si no lo vas a fertilizar, trata de que sea una buena rama, que tenga buen vigor, que sea de buen tamaño, que esté el menor tiempo conservado posible».
El trabajo del INTA apunta así a que un cultivo tradicional de la provincia pueda llegar antes a la mesa y generar mayor valor comercial en el mercado fresco.
Con informacion de Misiones Online.