Cristian tiene 17 años, es abanderado, tarefea con su padre y repara celulares para ayudar a su familia

Cristian Gómez tiene 17 años, vive en el barrio 20 de Junio de Comandante Andresito y está a pocos meses de terminar la secundaria en el BOP N° 124. Es abanderado de la institución con un promedio de 8,90 y podría convertirse en uno de los primeros de su entorno familiar en completar el ciclo secundario.

Su rutina no tiene mucho espacio libre: a la mañana va a clases, a la tarde trabaja en los yerbales junto a su padre, Juan Carlos Gómez, de 58 años, y a la noche atiende los celulares que le llegan para reparar en el taller que armó dentro de su propia casa.

«Hace como una semana y media estoy yendo a los yerbales por la tarde, también, a ayudarle a mi papá. Y de ahí sobre las noches, como tengo el taller ahí en casa, llego del trabajo, me baño y ahí empiezo con algunos trabajos que tengo en casa, los teléfonos que me van llegando», contó.

Juan Carlos lleva décadas vinculado a la actividad yerbatera y al transporte. Los años de trabajo físico le generaron dolores que hoy limitan su rendimiento. Cristian intenta compensar ese desgaste acompañándolo en la cosecha. «Mi papá ahora también está yendo al yerbal, está tarefeando porque le estoy ayudando. O si no trata más de manejar y sus dolores también no le permiten directamente hacer las dos cosas», explicó.

La motivación detrás de tanto esfuerzo es clara para el joven. «Yo veo los esfuerzos que hacen el día a día, el cariño que nos llevamos, el amor que nos tenemos. Somos una familia muy unida, entonces lo que yo quiero es luchar para ellos. Quiero luchar, quiero cambiar el presente, cambiar el futuro de ellos y que no sufran tanto», afirmó.

Cristian vive con sus padres y su hermana menor de 11 años. Cuando la cosecha terminó el año pasado, la falta de trabajo llevó a Juan Carlos a buscar changas en Brasil durante casi dos meses. «Fue muy duro y preferimos lucharla, tenerlo acá con nosotros y lucharla juntos y que no se vaya. Siempre fuimos una familia muy unida», recordó el joven.

Uno de los sueños de su padre es tener un Mercedes Benz 1518 propio, un camión que le permitiría trabajar con mayor independencia. Cristian espera poder ayudarlo a cumplirlo. «Ojalá Dios algún día me permita cumplirle el sueño a él. Es el sueño de él y, si Dios me permite algún día cumplirlo, sería lo más grandioso del mundo», dijo.

El oficio de reparación de celulares lo aprendió gracias al dueño de Supertech, un comercio de Andresito que le abrió las puertas para capacitarse. «El señor este me dio la oportunidad y entonces me empezó a enseñar. Me dijo: ‘Mirá Cristian, hacemos así, vos podés probar tres meses, calculo que en tres meses ya te vas a estar capacitando para empezar a trabajar conmigo'», recordó. Cuando la actividad en ese local disminuyó, un tío radicado en Brasil lo ayudó a comprar las herramientas básicas para montar su propio espacio. «Con lo esencial, lo mínimo, estoy trabajando ahí, le estoy dando con todo», destacó.

La historia de Cristian no es un caso aislado en Andresito. En el BOP N° 124 estudian 162 alumnos y, según él mismo describió, la mayoría son hijos de tareferos. La escuela funciona actualmente en un galpón prestado, a la espera de la construcción de un edificio propio. «La mayoría acá son hijos de tarefero. Muchos incluso abandonan lo que es estudiar para ir a trabajar. La situación económica está mal», señaló.

En ese contexto, Cristian valora el rol de los docentes y directivos en sostener la continuidad escolar. «Los directivos también acá se preocupan mucho, la directora, los profesores también dan oportunidades y quieren que terminemos», dijo.

Sobre su futuro, todavía no eligió una carrera concreta, pero tiene una dirección. «Quiero capacitarme en lo que es la tecnología, informática. Todavía no está bien elegido, pero sí quiero seguir estudiando si Dios me permite, esforzándome como siempre me esforcé por mi papá, porque para mí lo que yo quiero es que ellos estén bien», expresó.

Con informacion de Misiones Online.