La producción porcina en Misiones vive una contradicción difícil de sostener: el consumo crece, pero los que producen ganan cada vez menos. Esa es, en síntesis, la situación que describió Ricardo Saraceni, presidente de la Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem (Cofra), al analizar el estado actual de la cadena de valor del sector.
El empuje del consumo tiene una explicación clara. El encarecimiento de la carne vacuna llevó a muchas familias a incorporar la carne de cerdo en su dieta cotidiana, y ese cambio de hábito parece haber llegado para quedarse. «Este tema del precio de la carne vacuna, yo creo que vino para quedarse por bastante tiempo», señaló Saraceni, quien también apuntó que los precios locales históricamente bajos de la hacienda vacuna eran una anomalía frente a los estándares internacionales.
Hoy el consumo per cápita de carne porcina en Argentina ronda los 20 kilos anuales. Las proyecciones del sector estiman que en una década esa cifra podría trepar a 30 kilos o más por habitante.
Sin embargo, ese crecimiento en volumen no se traduce en mejora económica para los frigoríficos ni para los colonos productores. «Nos ha crecido la venta, es producto de una mayor demanda, pero ha caído sustancialmente… Vendemos más pero los márgenes son escasos», explicó Saraceni. El problema, según el dirigente cooperativo, es que los precios de venta no acompañan la inflación: «Los precios no suben, no acompañan la inflación. Al no acompañar la inflación, los costos internos nos empiezan a agobiarnos».
Frente a ese escenario, Cofra avanzó en una estrategia de eficiencia interna. La cooperativa inició hace aproximadamente un año y medio un proceso de renovación genética de su plantel de 2.000 madres, con el objetivo de mejorar la productividad desde la base. Saraceni indicó que el proceso demandará al menos un año más para completarse.
El modelo cooperativo apunta también a diferenciarse de los productores independientes que desaparecieron en otras provincias por la concentración del sector. Cofra controla toda la cadena, desde la elaboración del alimento balanceado hasta la distribución en góndola, lo que le da herramientas para sostenerse en contextos adversos.
Pero hay un factor externo que agrava la situación: la importación de carne de cerdo desde Brasil. Según Saraceni, el ingreso de mercadería brasileña creció un 70% en julio respecto al mismo mes del año anterior, y un 1.000% en relación con 2024. «Cuando empiezan a inundar de cerdos de Brasil y cortes», advirtió el titular de Cofra.
Lo más preocupante, según el dirigente, no es la importación de medias reses sino la de cortes específicos de alto valor. «No estamos hablando de medias reses, estamos hablando de cortes específicos, aquellos cortes que definen el precio de una media res, como es la bondiola, como es el pechito», afirmó Saraceni. Esa selectividad, explicó, desarticula toda la estructura de precios del mercado interno.
Con informacion de AgroMisiones.