En un momento en que los precios de la hoja verde siguen siendo bajos, cada vez más productores misioneros apuestan a dar el salto hacia la elaboración y comercialización de sus propias marcas. Más de 30 emprendimientos familiares y cooperativas presentaron en el Ministerio del Agro de Misiones una iniciativa para trabajar de forma articulada, compartir contactos comerciales y ampliar su presencia en el mercado nacional.
La propuesta reúne yerbas con perfiles variados: moliendas tradicionales, suaves, barbacuá, orgánicas y agroecológicas, con distintos tiempos de estacionamiento. El objetivo común es llegar a más puntos de venta y al consumidor final sin depender exclusivamente de la venta de materia prima.
César Weiss, de Yerba Mate Atardecer en Campo Grande, representa uno de esos casos. Su familia lleva generaciones como productora primaria, pero hace dos años decidió avanzar con una marca propia. «Siempre fuimos productores primarios y vendíamos a terceros, a otros propietarios con marcas. Hace dos años largamos Yerba Mate Atardecer, ya que el precio de la hoja verde era muy bajo y nos dimos cuenta de que dándole un valor agregado hacíamos una enorme diferencia», explicó.
Hoy producen alrededor de 5.000 paquetes mensuales con una molienda tradicional suave y apuntan a duplicar ese volumen. Además de distribuir en la zona centro de la provincia, la marca ya tiene presencia en Santa Fe, Mendoza y Córdoba. Para Weiss, sumar a otros productores a la estrategia no implica competencia sino complemento: cada marca puede recomendar a la otra según las preferencias del cliente.
Desde Apóstoles, Graciela Giménez lidera Yerba Mate Principios, otro emprendimiento familiar de tercera generación. La marca se distingue por el estacionamiento natural, el secado barbacuá y bajo contenido de polvo. Arrancó produciendo cerca de 7.000 kilos anuales y en dos años trepó a entre 18.000 y 20.000 kilos. Un punto de inflexión fue su participación en el Mundial de la Yerba Mate, realizado en junio, donde obtuvo el Gran Oro en la categoría barbacuá, lo que abrió nuevas puertas comerciales, especialmente en Buenos Aires.
Giménez también marcó el contraste entre ambos eslabones de la cadena. «Hoy estamos con una economía desfavorable en lo que es la hoja de yerba mate, pero nos vemos beneficiados en la producción de un producto final en góndolas, que hoy sí tiene rentabilidad en esa parte de la actividad yerbatera», señaló.
Una trayectoria más larga tiene Harry Burger, propietario de Yerba Mate Barbacuá y Yerba Mate Tres Generaciones. Se crió en la chacra entre yerbales y el secadero familiar, donde durante años elaboraron yerba sin marca, en paquetes transparentes. Alrededor de 2009, cuando ya contaban con secadero, depósito y molino, decidieron construir una identidad comercial propia.
En 2022 sumaron Tres Generaciones, una segunda marca en homenaje a su abuelo, su padre y él mismo, como continuidad de una historia que arrancó en 1933. Burger reconoció que el camino incluyó rechazos e incertidumbre, pero que la constancia les permitió consolidar una cartera de clientes que ya abarca a las nuevas generaciones de comerciantes. Sobre la articulación con otros productores, fue claro: «La unión hace la fuerza, como quien dice el dicho. Porque no puedo estar vendiendo en algunos lugares y gracias a los otros compañeros que están reunidos hoy acá podemos entrar, nos comparten contactos».
El sector cooperativo también tiene experiencia acumulada en este camino. Mabel Acosta, gerente comercial de la Cooperativa Río Paraná e integrante del Movimiento Agrario de Misiones, explicó que las marcas Titrayjú y Tamanduá surgieron de una estrategia de industrialización que comenzó en 1998. El molino está ubicado en Panambí y trabaja con secaderos de productores asociados en localidades como Los Helechos y San Vicente. La cooperativa tiene 54 socios.
Las dos marcas apuntan a segmentos distintos: Tamanduá se posiciona como una opción más económica para el mercado popular, mientras que Titrayjú es una yerba premium con secado barbacuá. La cooperativa también exporta con marca propia a Rusia, Alemania, Estados Unidos y España, sin recurrir a la venta de yerba a granel. Además, privilegia el vínculo con emprendedores y distribuidores por sobre las grandes cadenas de supermercados.
Las experiencias son diversas en escala y estructura: algunas familias comenzaron con pequeños volúmenes y tercerizan parte del proceso, mientras que otras controlan desde el secadero hasta el envasado. Lo que comparten es la convicción de que agregar valor en origen y construir una marca propia representa una salida más sostenible frente a la dependencia de los precios de la materia prima.
Con informacion de AgroMisiones.