Desde hace más de cinco décadas, el Centro de Incremento de Yemas Cítricas del INTA Montecarlo trabaja para asegurar que la producción citrícola de Misiones arranque desde plantas sanas y con variedad controlada. El objetivo es simple pero central para el sector: evitar que enfermedades virales arruinen cultivos enteros antes de que lleguen al campo.
Hoy el centro tiene capacidad para mantener unas 110 plantas madres en condiciones controladas. De ellas se obtienen más de 100 mil yemas anuales, que luego son distribuidas a viveros certificados para la producción de plantines con sanidad garantizada.
El ingeniero agrónomo Luis Acuña, investigador del INTA Montecarlo, señaló que esta tarea nació junto con la creación misma de la experimental, en el marco de un convenio de cooperación con Alemania durante la década de 1970.
«En INTA Montecarlo se utilizó por primera vez en la Argentina la técnica de microinjerto para obtener plantas cítricas libres de virus», destacó Acuña. Esa metodología permitió recuperar la producción regional seleccionando y saneando variedades comerciales que presentaban problemas sanitarios.
La técnica consiste en extraer pequeñas porciones de tejido vegetal sano para injertarlas y generar nuevas plantas libres de enfermedades virales. Ese material luego se multiplica y se distribuye a viveristas habilitados.
En paralelo, el INTA Concordia desarrolló el Centro Único de Introducción y Saneamiento (CUIS), que centraliza el saneamiento y la provisión de yemas para el nordeste argentino. «Los técnicos de Concordia se capacitaron acá, en Montecarlo, y llevaron esta tecnología para continuar el trabajo allá», recordó el investigador.
Hoy el banco yemero de Montecarlo recibe el material saneado desde Concordia y lo multiplica en invernáculos protegidos, donde se impide el ingreso de insectos o plagas que puedan transmitir enfermedades. Cada planta madre puede generar hasta mil yemas.
«Es muy importante contar con plantas libres de virus y enfermedades. El centro de incremento de yemas del INTA asegura calidad varietal y sanidad controlada», remarcó Acuña.
El banco alberga variedades de cinco grupos de cítricos: limones, mandarinas, naranjas, pomelos y kumquats —conocidos popularmente como quinotos—. Esa diversidad permite disponer de fruta fresca durante gran parte del año.
Entre los limones están Lima Tahití, Eureka y Génova, con cosechas escalonadas a lo largo de unos seis meses. En mandarinas, el abanico va desde variedades tempranas como Okitsu y Clemenules hasta tardías como Criolla, Montenegrina y Murcott. «Podés tener mandarinas desde febrero hasta agosto», indicó Acuña.
Las naranjas también abarcan distintos momentos de maduración: desde la Westin como una de las más tempranas, pasando por las de ombligo como Newhall, hasta la tradicional Valencia Late, que madura desde agosto. En pomelos, el centro conserva variedades como Paraná, Flame, Star Ruby y Marsh, con opciones de pulpa roja y blanca.
«Tenemos un espectro que cubre prácticamente todos los meses del año con fruta cítrica, algo importantísimo para lograr una buena nutrición y aportar vitamina C a las familias misioneras», concluyó el investigador.