A 33 años de su muerte, Atahualpa Yupanqui sigue siendo el corazón del folklore argentino

Se llamaba Héctor Roberto Chavero y nació en 1908 en Pergamino, provincia de Buenos Aires. En la adolescencia eligió el nombre con el que lo conocería el mundo: Atahualpa Yupanqui.

Su infancia transcurrió en Roca, donde su padre trabajaba en el ferrocarril. Allí tuvo los primeros contactos con la guitarra, que escuchaba al caer la tarde entre los paisanos del monte. Aprendió a tocarla con el maestro Bautista Almirón, aunque la pobreza lo obligó a separarse de él cuando tenía apenas nueve años.

A los 18, tras la muerte temprana de su padre, comenzó a recorrer el país. Buenos Aires, Entre Ríos, Uruguay, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, la puna, La Rioja. Para sostenerse trabajó como hachero, cargador de carbón, arriero, oficial de escribanía, corrector de pruebas y periodista. Cada oficio, cada camino, alimentó una obra que terminaría siendo monumental.

A los 22 años grabó su primer disco. De esa primera etapa surgieron piezas como «La Zamba Del Cañaveral», «La Andariega», «La Arribeña», «La Churqueña» y «Tierra Jujeña», entre muchas otras.

En 1945 se afilió al Partido Comunista. Sus críticas al gobierno peronista le trajeron consecuencias severas: sus actuaciones fueron prohibidas, otros artistas no podían interpretar sus obras y fue encarcelado en ocho ocasiones. Ese impasse duró hasta 1953.

Durante esos años viajó por Europa y recorrió países como Hungría, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria. En París conoció a Edith Piaf, quien lo invitó a presentarse junto a ella. En 1950 la Academia Charles Cross de París le otorgó el premio al mejor disco folklórico del año.

De regreso en Argentina, arrasó en el Festival de Cosquín. En 1968, el escenario principal del festival fue bautizado con su nombre, el reconocimiento más alto que ese espacio podía ofrecer.

Atahualpa Yupanqui murió el 23 de mayo de 1992 en Nimes, Francia, a pocos kilómetros del Mediterráneo. Sus canciones, que describían el campo, sus personajes y sus injusticias, no dejaron de cantarse.

Con informacion de Primera Edicion.