El Fondo Monetario Internacional reconoció los avances del gobierno nacional en materia fiscal, pero en el Staff Report de la segunda revisión del acuerdo vigente incorporó una serie de advertencias más explícitas que en informes anteriores.
El Fondo ponderó el mantenimiento del superávit fiscal y subrayó la importancia de fortalecer el Banco Central mediante la acumulación de reservas, que se acercan a los 47.000 millones de dólares, un máximo para la actual gestión. También remarcó la necesidad de que Argentina recupere acceso a los mercados internacionales de crédito, en particular de cara a los 7.000 millones de dólares en capital e intereses que el país deberá pagarle al organismo en 2027.
Junto a los elogios, el FMI señaló tres focos de riesgo. El primero es la incertidumbre electoral y la volatilidad que podría generar en variables financieras, especialmente en el tipo de cambio. El segundo es el «cansancio social» derivado de una recuperación económica que todavía no se siente en los grandes conglomerados urbanos, donde el desempleo —especialmente juvenil— sigue en alza. En ese punto, el organismo recomendó sostener o profundizar los programas de asistencia a los sectores más vulnerables. El tercero es el aumento de la «percepción de corrupción», que el FMI mencionó de manera genérica, sin referencia a ningún episodio concreto, como un factor que podría erosionar el respaldo popular a las reformas.
En el plano de los datos, la economía argentina mostró señales mixtas en la última semana. La actividad creció 5,5% interanual en marzo, con mejoras en casi todos los sectores, incluidos construcción, industria y comercio. Las exportaciones sostienen su tendencia positiva y en abril se registró un superávit comercial récord de 2.710 millones de dólares.
Sin embargo, el consumo interno no repunta. Un informe de la consultora Claves indicó que el consumo masivo se ubica un 11% por debajo de los niveles de enero de 2023. Los aumentos de tarifas y la caída real de los salarios en un contexto de inflación todavía elevada siguen afectando el gasto de los hogares.
El panorama muestra una economía que avanza a dos velocidades: sectores como el agro, la energía y la minería crecen con fuerza, mientras que la industria y el comercio recién ahora buscan un piso luego de fuertes caídas en 2024 y 2025. Esa brecha se refleja también entre provincias: Neuquén exhibe crecimiento robusto, mientras que el Gran Buenos Aires y otros grandes centros urbanos dependientes de sectores rezagados permanecen en una situación crítica.
Sobre la inflación, las expectativas de un índice del 2% o menos en mayo se diluyeron por algunos aumentos puntuales en alimentos. El promedio de consultoras privadas estima ahora un valor cercano al 2,3% para el mes.
El economista Jorge Ávila, del CEMA, se mostró cauteloso sobre el proceso de desinflación. «Va a ser difícil que baje mucho más allá del 2% porque el Central está emitiendo muchos pesos para comprar dólares, y esos pesos los precisa el Tesoro para luego comprarle divisas al BCRA y pagar deuda», afirmó. Agregó que «por eso es muy importante que el riesgo país baje de los 400 puntos y Argentina recupere el acceso al mercado internacional, pero lo veo difícil porque el mercado tiene miedo al regreso del kirchnerismo».
En el frente político-electoral, el presidente Javier Milei introdujo la variable reeleccionista durante el anuncio de la rebaja de retenciones. «El cronograma de reducción va a continuar en 2028, si es que nos reeligen», sostuvo, en una de las primeras referencias explícitas a su intención de continuar en el cargo. Por su parte, el ministro de Economía Luis Caputo también hizo alusión al escenario electoral en una entrevista radial: «Aún si la economía no repunta la gente no lo va a votar a Kicillof, porque no quiere volver al pasado», señaló.
De cara a los próximos meses, el riesgo de una crisis cambiaria parece acotado: el Banco Central continuará comprando divisas al menos hasta julio, y luego se sumarán ingresos por exportaciones energéticas y emisiones de deuda provincial y corporativa. La oferta de dólares para 2026 luce razonablemente cubierta.
Las mayores dudas apuntan a 2027. El economista Carlos Melconian consideró «inexorable» un proceso de dolarización en la previa electoral, en línea con lo ocurrido en 2025, cuando la compra récord de divisas requirió asistencia del Tesoro estadounidense para evitar un descontrol cambiario.
Con las PASO previstas para agosto de ese año y las definiciones de candidaturas comenzando en el primer trimestre, la ventana para que los resultados macroeconómicos se trasladen al bolsillo de la población es relativamente estrecha. Hasta octubre de 2026 será imposible saber si ese trayecto alcanza para sostener las aspiraciones reeleccionistas del oficialismo.
Con informacion de Misiones Online.