Durante años, los piscicultores de la zona sur de Misiones vendieron su producción de manera informal, directamente en el estanque y casi exclusivamente a vecinos cercanos. Esa limitación estructural empieza a quedar atrás con la apertura de la nueva sala de faena en Apóstoles, que ya cuenta con la habilitación del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y la aprobación de bromatología.
El proyecto fue impulsado por la Fundación Mayma con el respaldo del Gobierno provincial y la Municipalidad de Apóstoles. La infraestructura permite a los productores, en su gran mayoría minifundistas, acceder a canales de comercialización más amplios que hasta hace poco resultaban impensables.
Gabriel Mauricci, productor piscícola y yerbatero de Apóstoles, explicó el cambio concreto que implica la sala para el trabajo cotidiano del colono: «La sala de faena para los pequeños productores nos pone en un lugar al que nunca pensamos llegar, porque nosotros solemos vender los peces a pie de estanque. Esto no nos da la visibilidad que sí nos dará la sala». Señaló además que «los beneficios son la visibilidad y la posibilidad de ampliar las ventas a otros lugares más extensos que a los vecinos, como lo venimos haciendo hasta ahora».
El funcionamiento se organiza mediante turnos programados. Según detalló Mauricci, «los productores deben anotarse previamente en una agenda para recibir un cupo y una fecha específica en la cual realizar la pesca en sus estanques». Además, «el colono debe tener la venta ya pactada con sus clientes, ya que los compradores van directamente a las instalaciones para retirar el pescado procesado».
El proceso comienza en la chacra con el traslado de los peces vivos en tambores. Una vez en la planta, el sacrificio se realiza mediante métodos como el electroshock o el uso de hielo. Los compradores reciben el producto —entero, fileteado o desespinado, según el pedido— a través de una ventanilla de atención.
En cuanto a los precios, desde el sector indicaron que la puesta en marcha de la sala no modificará los valores actuales, que seguirán definidos por oferta y demanda, aunque sí garantizará estándares de higiene más elevados. El kilo de pacú se comercializa actualmente entre 8.000 y 10.000 pesos, lo que lo posiciona como una alternativa competitiva frente a la carne vacuna, que ronda los 17.000 a 18.000 pesos por kilo en las carnicerías de la región.
Este contexto explica, en parte, el crecimiento que registró la piscicultura en Apóstoles durante los últimos dos años. Para muchos pequeños productores, la cría de peces se convirtió en el ingreso principal para compensar los bajos rendimientos de la yerba mate, la mandioca, la cría de cerdos y la ganadería.
Para afianzar el consumo local, productores de la zona lanzaron una campaña que busca instalar el día 19 de cada mes como la jornada del pescado misionero. La iniciativa toma como referencia la tradición popular de los ñoquis del 29. «Impulsamos el día 19 de cada mes, así como se hace con los ñoquis del 29, bueno, el día del pescado misionero. Entonces ese día tratamos de arengar para que la gente se acostumbre a comer pescado, aunque sea una vez por mes», explicó Mauricci.
El productor también destacó el valor nutricional del pescado de estanque y apuntó a consolidar un hábito alimentario: «De a poco iremos llevando a una dieta consolidada y totalmente demostrada que es ideal con la cantidad de proteínas que tienen nuestros peces».
Con informacion de Primera Edicion.