El tabaquismo causa la muerte de seis millones de personas por año en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Pese a esa cifra, muchos fumadores no lo tratan como una enfermedad sino como un hábito o estilo de vida, lo que los lleva a intentar dejarlo sin ayuda médica y, frecuentemente, a fracasar.
Los profesionales de la salud señalan que el tabaquismo es una enfermedad crónica, adictiva y recidivante. Esa última característica —la tendencia a las recaídas— es justamente uno de los mayores obstáculos: según los especialistas, ocho de cada diez personas que dejan de fumar vuelven a hacerlo en la primera semana. La causa principal es la abstinencia física: la falta de nicotina genera ansiedad, irritabilidad y frustración, síntomas que muchos no toleran sin un tratamiento adecuado.
El segundo motivo más frecuente de recaída es la tristeza o el estado anímico deprimido. El tercero es el aumento de peso, un factor que incide especialmente en las mujeres: ante los primeros kilos de más, muchas optan por retomar el cigarrillo.
Estos efectos tienen base científica. Estudios han demostrado que la abstinencia de nicotina genera cambios en el cerebro y que, durante los primeros días sin fumar, pueden aparecer alteraciones en la memoria y déficit de atención.
Frente a ese panorama, los expertos coinciden en que el método más efectivo a largo plazo es el que combina tratamiento farmacológico para la dependencia física con terapia de deshabituación para trabajar la dimensión psicológica y social de la adicción, reforzar la motivación y reducir la ansiedad.
Desde la Federación Argentina de Cardiología se difundieron seis claves para dejar de fumar y sostener ese objetivo en el tiempo, en el marco de la conmemoración del Día Mundial sin Tabaco.
Con informacion de Primera Edicion.