A diez meses del cierre de la planta ceramista Ilva en Pilar, provincia de Buenos Aires, un grupo de ex empleados mantiene un acampe frente a las instalaciones a la espera de cobrar los salarios adeudados y las indemnizaciones correspondientes.
La empresa, perteneciente a las familias Zanon y Bocci, notificó el cierre a fines de agosto de 2024 mediante mensajes de WhatsApp y envió los telegramas de despido días después a sus 300 empleados. Ilva había operado durante tres décadas en la fabricación de porcelanatos y productos cerámicos.
Actualmente la firma está bajo concurso de acreedores y el expediente tramita ante el Juzgado Comercial N.º 13 de la Ciudad de Buenos Aires. Los ex operarios aguardan que avance ese proceso para que se definan los mecanismos de cobro de las deudas pendientes.
Marcelo Barrionuevo, ex delegado gremial con más de dos décadas en la planta, indicó que alrededor de 150 despedidos siguen participando del reclamo. Muchos no lograron reinsertarse en el mercado laboral y subsisten con changas, asistencia social y el apoyo de organizaciones sindicales.
El acampe se sostiene en tres estructuras improvisadas con cartones, lonas y tarimas para hacer frente al frío. Los manifestantes también organizan ollas populares y reciben colaboración del municipio y de agrupaciones obreras.
Según denunciaron los propios trabajadores, varios perdieron la cobertura médica tras los despidos, entre ellos personas con tratamientos en curso y familias con integrantes con discapacidad. Algunos ex empleados debieron regresar a vivir con familiares al no poder sostener sus viviendas.
En mayo, la situación se agravó con el suicidio de uno de los trabajadores despedidos, un hecho que golpeó fuertemente al grupo que continúa en el acampe.
Los ex operarios también denunciaron ante las autoridades laborales bonaerenses que, meses después del cierre, la empresa habría iniciado búsquedas de personal para cubrir tareas similares a las que ellos desempeñaban.
Barrionuevo señaló que gran parte de los despedidos acumulaba más de 20 años de antigüedad y que algunos estaban a pocos años de jubilarse. «Dejamos nuestra vida en la fábrica y hoy estamos fuera del sistema laboral», afirmó.