Antes de entrar al casco urbano de Santa Ana, sobre la ruta nacional 12, hay un sitio que muchos conductores pasan sin detenerse. El Conjunto Jesuítico Guaraní de Santa Ana lleva 366 años en pie, rodeado de monte nativo y con buena parte de su historia todavía enterrada bajo capas de sedimento y vegetación.
Un camino asfaltado de unos 800 metros, a la derecha de la yerbatera CBSé, lleva hasta la entrada del lugar. Paolo, el cuidador, recibe a los visitantes en el ingreso. Cristina atiende la boletería. Y Evelio, conocido como Yiyo, guía del sitio desde hace dos décadas, es quien cuenta la historia con detalle y entusiasmo.
La misión fue fundada en 1660 por sacerdotes de la Iglesia Católica, bajo órdenes de la Corona española y el Vaticano. En 1817 fue atacada, saqueada, incendiada y destruida. Más de 80 años después, a comienzos del siglo XX, inmigrantes europeos y criollos repoblaron la zona con colonias agrícolas. En 1969 fue declarada Monumento y Lugar Histórico Provincial; en 1983, Monumento Histórico Nacional; y en 1984 obtuvo el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
A diferencia de otros conjuntos jesuíticos de la región, Santa Ana se conserva en estado natural, sin restauraciones importantes. Yiyo explica que el sitio recibe trabajos de mantenimiento, limpieza y consolidación de muros para evitar derrumbes, pero que la intervención ha sido mínima.
Lo que sí puede verse es representativo del urbanismo jesuítico guaraní: una plaza central, una iglesia con muros de ocho metros de altura, escalinatas semicirculares que el guía describe como únicas en su tipo y exclusivas de Santa Ana, además de viviendas guaraníes, una escuela, talleres, el claustro de los sacerdotes, el cementerio y el cotiguazú, espacio destinado a viudas, mujeres solteras y huérfanos.
Santa Ana es una de las 15 misiones jesuíticas que quedaron dentro del territorio de la provincia de Misiones, de un total de 30 pueblos evangelizados en la región. Las de San Ignacio y Loreto, sobre la ruta 12, y Santa María la Mayor, sobre la ruta costera 2, son las que cuentan con mayor documentación histórica. Yiyo recomienda visitar todas, ya que cada sitio aporta una parte de la historia de los pueblos que habitaron estas tierras.
Sin embargo, lo visible es apenas una fracción de lo que existe. Gran parte del predio está cubierto por monte nativo, rodeado de terrenos privados o bajo sedimento acumulado. La falta de recursos para trabajos arqueológicos, arquitectónicos e históricos dificulta la preservación de los restos, que se deterioran con el paso del tiempo.
La escasa señalización también opera en contra: el acceso no está indicado sobre la ruta 12 y los sistemas de navegación suelen orientar mal a quienes no conocen el camino. Aun así, el sitio recibe cada vez más visitantes, incluyendo contingentes educativos y turistas internacionales.
El conjunto está abierto todos los días. En otoño e invierno, el horario es de 7.30 a 18.30; en primavera y verano, de 7 a 19. Las tarifas vigentes son: residentes misioneros, $3.500; residentes argentinos, $8.000; extranjeros, $19.000; jubilados, $5.000; estudiantes nacionales, $6.000. Las delegaciones escolares y grupos pueden solicitar reservas al correo educativoconjuntosjesuiticos@gmail.com.
Un dato a tener en cuenta: la entrada adquirida en Santa Ana tiene validez para ingresar gratis, una vez por sitio, a cualquiera de los otros conjuntos jesuíticos de la provincia —San Ignacio Miní, Nuestra Señora de Loreto o Santa María la Mayor— dentro de los 15 días siguientes.
Está prohibido el ingreso con animales y fumar dentro del predio. Se solicita silencio y calma durante la visita.
Cómo llegar: desde el peaje de Santa Ana por ruta 12, son 3,8 kilómetros hasta doblar a la derecha, junto a la yerbatera CBSé. El acceso no está señalizado y el GPS puede indicar continuar hasta la YPF y bajar por la colectora, lo cual es incorrecto. Desde el ingreso, 800 metros de asfalto llevan directamente al estacionamiento del conjunto.
Con informacion de Primera Edicion.