Hace exactamente 114 años, en el interior de Santa Fe, un grupo de pequeños productores encendió una mecha que se extendería por toda la llanura pampeana. Lo que comenzó como una reunión de dos mil chacareros en la Sociedad Italiana de Alcorta terminó siendo el primer gran levantamiento del campo argentino y el punto de partida de su organización gremial.
El trasfondo era el de una promesa incumplida. Miles de inmigrantes europeos habían cruzado el Atlántico atraídos por la perspectiva de conseguir tierra propia en la Argentina. Pero cuando llegaron, según relata el historiador Felipe Pigna, la tierra prometida ya estaba repartida. La llamada conquista del desierto había distribuido millones de hectáreas entre los mismos grandes propietarios de siempre, sin reservar nada para los recién llegados.
Sin capital para comprar, los inmigrantes no tuvieron otra opción que arrendar. Los terratenientes encontraron así un negocio redondo: los chacareros sembraban por su cuenta y riesgo, alquilaban a los propietarios las herramientas y las trilladoras, compraban las bolsas para el cereal exclusivamente a los dueños del campo y, al final, entregaban entre el 40 y el 50 por ciento de lo producido. Tampoco podían cultivar lo que quisieran ni criar ganado sin pagar multas. Para cubrir sus necesidades cotidianas debían recurrir a los almacenes de la patronal, a precios muy por encima del mercado, lo que los dejaba endeudados de cosecha en cosecha.
La cosecha de 1911 había sido especialmente mala. La de 1912 fue buena, pero alcanzó apenas para saldar las deudas con los propietarios. Fue entonces cuando un almacenero de ideas socialistas, Ángel Bujarrabal, comenzó a coincidir con sus clientes en que el sistema era injusto y que la única salida era organizarse.
El 25 de junio de 1912, la asamblea de Alcorta le dio voz a ese descontento. Uno de los presentes, Francisco Bulzani, resumió el sentir de los presentes: «No hemos podido pagar nuestras deudas y el comercio, salvo algunas honrosas excepciones, nos niega la libreta. Seguimos ilusionados con una buena cosecha y ella ha llegado pero continuamos en la miseria. Esto no puede continuar así. Los propietarios se muestran reacios a considerar nuestras reclamaciones y demandas. Pero si hoy sonríen por nuestra protesta, puede que mañana se pongan serios cuando comprendan que la huelga es una realidad».
La huelga se extendió desde el sur santafesino hasta Córdoba y Buenos Aires, sumando cerca de cien mil agricultores. Los reclamos eran concretos: reducción de los arrendamientos, libertad de contratación y contratos de al menos cuatro años. Al movimiento se sumaron los sacerdotes José y Pascual Netri y el abogado Francisco Netri.
La respuesta de los estancieros fue la represión. Varios dirigentes fueron encarcelados, incluido el cura José Netri, detenido por 60 días en la Jefatura de Policía de Rosario. Sin embargo, en la asamblea de la Sociedad Rural de Rosario del 13 de julio, una voz disidente se hizo escuchar: la de Lisandro de la Torre, quien llamó a reconocer las razones de los chacareros y propuso convertir a los arrendatarios en propietarios, planteando una reforma agraria de fondo.
El gobierno radical de Santa Fe encargó un informe sobre el conflicto. Las conclusiones dieron la razón a los huelguistas y recomendaron contratos escritos con condiciones claras, además de políticas estatales para facilitar el acceso a la tierra y otorgar créditos blandos.
A fines de julio, la huelga comenzó a dar resultados: en la mayoría de los campos se aceptaron las condiciones de los trabajadores y se firmaron nuevos contratos.
El 15 de agosto de 1912, los chacareros se reunieron en la Sociedad Italiana Giuseppe Verdi de Rosario y fundaron la Federación Agraria Argentina, bajo la presidencia del dirigente socialista Francisco Noguera y con el asesoramiento legal de Francisco Netri, quien luego asumiría la conducción de la entidad.
Con informacion de Primera Edicion.