El Mundial no es solo un torneo deportivo. Para la psicóloga misionera Lorena Beloso (MP 903), es un fenómeno que activa mecanismos psicológicos profundos, refuerza lazos identitarios y ofrece una pausa colectiva en medio de la rutina y la crisis. La especialista dialogó con el programa de streaming Sala Cinco, transmitido por Misiones Online, y repasó desde las cábalas hasta el fanatismo extremo.
Beloso señaló que el fútbol, y el Mundial en particular, despierta emociones que van mucho más allá de la cancha. Explicó que existe un fenómeno de refuerzo de la identidad nacional de carácter transgeneracional, que convoca al encuentro familiar, a la amistad, a los rituales y a una sensación casi mágica compartida. Cada persona, sin embargo, lo vive a su manera: mencionó el caso de un paciente tan fanático que no podía ver los partidos y prefería escuchar los goles dando vueltas en el auto.
Sobre las redes sociales, la psicóloga indicó que intensifican esa conexión emocional. El acceso a la vida cotidiana de los jugadores a través de sus perfiles genera en los seguidores una sensación de pertenencia y de formar parte de un «nosotros» colectivo.
Beloso también se detuvo en un rasgo que consideró propio del argentino: cierta rebeldía o desfachatez que se vuelve visible incluso en los palcos del estadio. Para ilustrarlo, comparó la imagen prolija de Victoria Beckham con la de Antonela Roccuzzo, relajada, con una cerveza en la mano. «A lo argentino», resumió.
En cuanto al fanatismo, la especialista advirtió que vale la pena preguntarse hasta dónde es sano y cuándo empieza a volverse patológico, porque hay quienes genuinamente lo sufren de más.
Explicó también por qué tanta gente dice no ilusionarse antes de cada partido: se trata de mecanismos de negación, una forma de protegerse del dolor que generaría la decepción. Las cábalas responden a la misma lógica: una creencia mágica que da sensación de control.
Para graficar la naturaleza de la pasión, Beloso recurrió a una escena de la película El secreto de sus ojos. «La pasión humana es algo del orden de lo inmanejable», afirmó. «Nos pasa cuando nos enamoramos y sabemos que es el peor partido del mundo, pero nos enamoramos igual».
El Mundial, dijo, también funciona como una pausa real en la rutina: se cancelan turnos, cambian los horarios de los comercios, y por un momento se interrumpe la angustia cotidiana. «No es un bálsamo, pero es un momento de felicidad donde puede llegar a taponarse la soledad», explicó. Y agregó que los festejos habilitan un «fuera de sentido» colectivo: la posibilidad de desconocerse a uno mismo en la euforia.
Consultada sobre los motivos de consulta más frecuentes en su clínica, Beloso señaló que la crisis económica y social se traduce directamente en angustia. También mencionó que cada vez más hombres, desde los 30 años en adelante e incluso adolescentes, llegan al consultorio con preguntas sobre su identidad y su lugar en las relaciones. Por último, advirtió sobre los efectos del exceso de pantallas en las nuevas generaciones, aunque aclaró que no se trata de algo negativo en sí mismo, sino de una señal de que hacen falta límites claros e intervenciones oportunas.
Con informacion de Misiones Online.