El 21 de julio se celebra el Día Mundial del Gazpacho, una sopa fría de origen español que se convirtió en emblema de la cocina mediterránea. Aunque el origen exacto de esta conmemoración no está del todo claro, el plato en sí tiene una historia milenaria que arranca en tiempos de la conquista romana de la península ibérica, cuando se introdujeron el pan y el aceite de oliva en la región.
En su versión más antigua, el gazpacho era una preparación simple a base de pan, aceite de oliva, ajo, vinagre y agua. Con el correr de los siglos se fueron incorporando tomates, pepinos y morrones, dando lugar a la sopa colorida y sabrosa que se conoce hoy. La variante más reconocida proviene de Andalucía, en el sur de España.
Más allá de su sabor, el gazpacho suma varios puntos en materia de salud. Al estar compuesto principalmente por verduras y agua, contribuye a la hidratación en días de calor. Su combinación de tomates, pepinos y morrones aporta vitaminas y antioxidantes, mientras que el ajo y el aceite de oliva favorecen la digestión. Además, es un plato bajo en calorías y grasas.
Otra de sus virtudes es la versatilidad: admite múltiples variantes según la región y los gustos personales, lo que lo convierte en una receta de base que cada cocinero puede adaptar con sus propios ingredientes.
Con informacion de Primera Edicion.