El conflicto laboral en Yerbatera Misiones SRL, empresa vinculada a la familia del exgobernador Ramón Puerta, no está cerrado. Si bien las indemnizaciones de los ocho trabajadores despedidos fueron abonadas, otros 17 empleados todavía no percibieron las dos quincenas de julio y el gremio no tiene certeza sobre cuándo se harán los depósitos.
El secretario adjunto del Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA), Ariel García Da Rosa, confirmó que el gremio revisó las liquidaciones de los cesanteados y no encontró diferencias. «Nosotros hicimos los cálculos y se les pagó como corresponde. Se abonó un sueldo por cada año de antigüedad, el proporcional de aguinaldo y vacaciones y los dos meses de preaviso porque todos tenían más de cinco años en la empresa», precisó.
Los ocho despedidos contaban con entre 11 y 27 años de antigüedad y habían sido desvinculados sin expresión de causa. Las indemnizaciones totalizaron aproximadamente 350 millones de pesos y fueron depositadas dentro de los plazos previstos.
García Da Rosa aclaró además que la reforma laboral no impactó en el cálculo porque los trabajadores no percibían adicionales ni viáticos. «Trabajaban sus horas y cobraban su antigüedad. No había ningún concepto adicional que cambiara la indemnización», señaló.
Según lo que una apoderada de la empresa expuso durante las negociaciones, los fondos para solventar esas indemnizaciones habrían sido aportados por Molinos Río de la Plata. De acuerdo con esa versión, Molinos decidió prescindir de los servicios que esos empleados cumplían dentro de la planta, les pidió que volvieran a la órbita de Yerbatera Misiones, y ante la incapacidad de esta última para reincorporarlos o afrontar los pagos, habría puesto el dinero necesario para concretar las desvinculaciones.
El sindicato, sin embargo, no pudo verificar esa operación. «La explicación fue que Yerbatera no tenía plata para despedirlos y que Molinos aportó el monto. Eso es lo que nos dijeron, pero nosotros no vimos ningún papel y no tenemos forma de comprobarlo», remarcó García Da Rosa.
Mientras tanto, los 17 empleados que permanecen en la empresa siguen sin cobrar las quincenas de julio. El viernes pasado recibieron el medio aguinaldo que estaba pendiente, pero el atraso salarial no fue regularizado. La firma se comprometió ante el Ministerio de Trabajo a cancelar ambas quincenas, aunque al cierre de esta nota el gremio desconocía la fecha concreta de los depósitos.
La preocupación crece porque una nueva quincena está por cerrarse y podría sumarse al debe. «Hoy están pendientes las dos quincenas de julio. Nos dijeron que las van a pagar, pero no sabemos si será hoy, mañana o pasado. Mientras tanto, ya está cerrando otra quincena», advirtió el dirigente.
Dentro de la planta coexisten situaciones distintas: un sector de trabajadores cobra con normalidad porque sus salarios están ligados a Molinos Río de la Plata, mientras que los 17 afectados dependen de los ingresos propios de Yerbatera Misiones.
El expediente continúa abierto en el Ministerio de Trabajo. El STIA ya solicitó una reunión directa con Ramón o Pedro Puerta, a quienes identifica como quienes tienen capacidad de decisión sobre el futuro de la compañía, dado que hasta ahora las negociaciones se desarrollaron solo con representantes de la firma. «Pedimos hablar con Ramón Puerta o con Pedro Puerta porque necesitamos que los dueños tomen una decisión. Esto, así como está, no parece que vaya a enderezarse», sostuvo García Da Rosa.
La preocupación central del gremio va más allá del cobro inmediato: teme que, aun regularizando julio, la empresa vuelva a acumular atrasos si no mejora su nivel de actividad. Según lo manifestado verbalmente por la representación empresarial durante las conversaciones —y sin documentación contable que lo respalde, según aclaró el sindicato—, la planta opera cerca del 50% de su capacidad necesaria por la caída en las ventas. También se habría mencionado el inicio de ventas de yerba a Las Marías y la venta de propiedades para sostener la estructura.
El menor movimiento es visible en el día a día de la planta, según describió García Da Rosa: «Antes se veían tres o cuatro camiones y ahora se ve uno por semana. La paralización se siente y se nota».
Con informacion de Primera Edicion.