Dos embarcaciones que fueron parte central de la historia del transporte regional agonizan en las aguas del río Paraná. Los ferrys ‘Exequiel Ramos Mejía’ y ‘Roque Sáenz Peña’, que durante más de siete décadas conectaron la Laguna San José en Posadas con Pacú Cuá en Encarnación, atraviesan un estado crítico de abandono. Uno de ellos se encuentra prácticamente sumergido.
Fabricados en Glasgow, Escocia, en 1911 y puestos en servicio el 18 de octubre de 1913, estos barcos traccionaban a leña y a pala. En su época de mayor actividad llegaron a realizar hasta 18 viajes diarios durante la temporada de soja, entre abril y julio, integrando un corredor combinado que unía Buenos Aires con Asunción en 47 horas. Su último servicio fue en 1989.
Analía Colazo Bidegain, de la Fundación Ferrocarril del Nordeste Argentino, recorrió el predio del puerto posadeño y describió el impacto que le generó ver el estado actual de las naves. «Es muy doloroso para mí; los que me conocen saben cuántos años llevo defendiendo esto», afirmó.
La referente recordó que ambas embarcaciones cuentan con protección legal. «Es un bien histórico nacional bajo la Ley 27.663, declarada el 9 de diciembre de 2021 por el Estado Nacional, que lo compromete a enviar fondos para sostener el bien que ellos estarían protegiendo o preservando», señaló. Sin embargo, cuestionó que esos recursos no hayan llegado: «Me parece una falta de respeto a la historia y al amor ferroviario que tenemos; el Estado Nacional está haciendo un vacío en la parte histórica».
Colazo Bidegain explicó que mantener las embarcaciones en el agua resulta económicamente inviable para los esfuerzos locales. «La chapa que te exige Prefectura para estar dentro del cauce del río se cotiza en dólares; si antes ya era elevada, hoy es peor», detalló.
Frente a ese obstáculo, recordó una propuesta que presentó ante el gobierno anterior: retirar los ferrys del cauce y ubicarlos junto a la estación de Miguel Lanús para crear un parque temático ferroviario. «Hacer un parque temático a donde ya no corrieran más riesgo de hundirse evitaría tener que gastar toda la cantidad de fondos que gastarían hoy en mantenerlos todo el tiempo en el agua», argumentó.
La historia de Colazo Bidegain está directamente ligada a estas embarcaciones. Su padre, Sixto Ramón Colazo, trabajó 45 años en la estación y fue jefe de la zona fluvial, responsable de que los ferrys partieran desde la Laguna San José hacia Encarnación.
La referente subrayó además el valor histórico singular de estas naves en el contexto internacional. «De los siete que estaban solo queda uno de fabricación nacional a flote, el Tabaré, pero de los hermanos que vinieron de Glasgow, Escocia, estos son los últimos que quedan», remarcó. Y trazó una comparación para dimensionar su importancia: «A diferencia de otros, estos traccionaban a leña y a pala, por lo que tienen un valor mucho más simbólico, serían como los barcos del Mississippi».
Sobre las causas del hundimiento, explicó que «el embate del río y el cruce hacían que los pasarruedas se chocaran entre sí todo el tiempo, lo que seguramente lastimó la chapa y provocó que empezara a hundirse».
A pesar del deterioro, Colazo Bidegain insistió en que la restauración todavía es posible. «Todavía están salvables, todavía no están totalmente hundidos; hay una ley que los defiende y los protege, así que hagamos valer esa ley», instó.
Para cerrar, apuntó directamente a la responsabilidad del gobierno central: «La provincia hace todo lo que puede desde su lugar, pero la pregunta es dónde está el Estado Nacional para cumplir con su compromiso legal».
Con informacion de Primera Edicion.