En el Día de la Ancianidad, la médica especialista en Gerontología Mirta Soria abrió el debate sobre el envejecimiento activo y los obstáculos que la sociedad y las propias familias le imponen a las personas mayores en Misiones. Con una trayectoria que incluye la dirección de un hospital geriátrico, Soria cuestionó los prejuicios culturales y la escasa participación real que se le otorga a este sector de la población.
La profesional definió el edadismo como una forma cotidiana de discriminación: «El edadismo es una discriminación por la edad. Cuando no nos respetan, cuando no tienen presente nuestros derechos por el tema de la edad». Recordó que el decálogo de la ancianidad proclamado en 1948 buscaba garantizar salud, vivienda, asistencia y esparcimiento, derechos que hoy enfrentan una fuerte presión económica.
Esa presión se traduce en decisiones concretas. Soria describió lo que observa en farmacias y consultorios de la provincia: «Esos haberes que nosotros cobramos nos ponen barrera y nos limitan. El jubilado prioriza el tema de alimentación, y muchas veces no hay una buena alimentación donde las proteínas no están presentes». La pérdida de poder adquisitivo lleva a muchos mayores a endeudarse o a reducir sus dosis de medicamentos.
Sobre el sistema de salud, señaló que la falta de turnos rápidos y la atención fragmentada atentan contra la prevención. Y fue enfática al separar vejez de discapacidad: «Por ser viejos no somos discapacitados. Sí, por supuesto hay ciertas patologías que pueden discapacitar, pero nosotros por ser viejos no somos discapacitados».
Otro eje de su planteo fue la autonomía. Soria rechazó la tendencia a infantilizar a los mayores y lo ilustró con su experiencia al frente del geriátrico, donde desestimaba donaciones que subestimaban a los residentes: «No infantilizarnos, por eso es que defendemos la autonomía, tengo derecho a elegir lo que yo quiero, lo que a mí me gusta».
Destacó el valor de los talleres de teatro, folclore y tecnología que funcionan en los clubes de abuelos y centros de adultos mayores de la provincia, actividades que estimulan el aprendizaje y la neuroplasticidad. Ella misma participa en un taller de teatro con apoyo de la rama pasiva del IPS. «Nosotros mismos ponemos esa barrera. Sí podemos aprender. Tienen que respetarnos y decir que estas personas mayores pueden aprender», afirmó.
Frente al avance de la virtualidad, que a su entender aísla a los adultos mayores y los convierte en «analfabetos digitales», reclamó recuperar el contacto personal y la escucha activa por parte de familias y profesionales. «Hoy por hoy, en la época de la comunicación, es cuanto menos comunicados estamos. La mirada que es tan buena, lo gestual, el tocarme, se perdió», lamentó.
Por último, exigió que las políticas públicas destinadas a la vejez sean diseñadas con la participación directa de los propios mayores: «Que deben escucharnos. Si hay políticas de inclusión, que nos incluyan, que no decida una persona de 50 años o de 40 años lo que nosotros tenemos las personas mayores».
Con informacion de Misiones Online.