Antares redefine su modelo de negocios frente a la caída del consumo y un mercado más exigente

La contracción del consumo y los cambios en los hábitos de la gente están obligando al sector gastronómico a replantear sus estrategias. Antares, la cervecería artesanal fundada en Mar del Plata en 1998 y considerada una de las primeras de su tipo en el país, es un ejemplo de esa reconversión en marcha.

Con 40 franquicias distribuidas en Argentina —entre ellas una en Posadas— y casi tres décadas de historia, la empresa inició un proceso de transformación profunda de su modelo de negocios. El objetivo es sostener la rentabilidad en un mercado donde el consumidor ya no busca exclusivamente cerveza, sino propuestas más amplias.

«Fuimos la tercera cervecería artesanal de Argentina», señaló Pablo Rodríguez, cofundador de la compañía, en un evento del sector. La marca arrancó con una producción pequeña y un restaurante integrado, en una época en que la cerveza artesanal era prácticamente desconocida para el público masivo.

La expansión tampoco fue sencilla. Tras sortear las dificultades de competir con las grandes cerveceras industriales, Antares encontró en el sistema de franquicias el camino para crecer, consolidándose a partir de 2004 junto al auge de la cerveza artesanal en todo el país.

La pandemia fue otro quiebre importante: la empresa diversificó su negocio y fortaleció la producción envasada. Hoy elabora entre 600.000 y 700.000 litros mensuales y trabaja en líneas de bebidas con menor graduación alcohólica y opciones sin alcohol, en línea con las nuevas tendencias del mercado.

El rediseño también alcanza a los locales. La cervecería oscura y tradicional da paso a espacios más luminosos, con propuesta gastronómica ampliada que incluye cafetería y coctelería, pensados para convocar a un público más diverso y familiar.

En paralelo, el formato de los locales se achica: la apuesta son establecimientos de entre 100 y 120 metros cuadrados, con equipos más reducidos y mayor eficiencia operativa. La inversión para abrir una franquicia ronda los 50.000 a 60.000 dólares, con un recupero estimado en alrededor de 30 meses.

Desde la empresa reconocen que «la ecuación gastronómica cambió» y que la rentabilidad hoy depende de la gestión eficiente. El proceso de rebranding en curso apunta a mantener la vigencia de la marca en un contexto económico que no da respiro.