El ministro de Obras Públicas de Bolivia, Mauricio Zamora, denunció este sábado que una caravana de policías y militares fue emboscada y atacada con dinamita cuando intentaba desbloquear la carretera troncal entre La Paz y Oruro, cortada desde hace 18 días por manifestantes que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Según relató Zamora desde una ruta alternativa de tierra que utilizó para salir de la zona, el incidente ocurrió en un punto denominado Copata. Durante horas se perdió contacto con su comitiva por falta de señal telefónica, lo que generó incertidumbre sobre su paradero.
«Nos hicieron una emboscada (…) porque no pudimos ir ni adelante, ni para atrás. Estamos en un camino alterno de tierra», dijo el ministro al canal privado Red Uno.
Zamora había encabezado personalmente el convoy con la intención de dialogar con los grupos que mantienen los cortes para persuadirlos de levantar la protesta. «Vimos que lo más acertado era retroceder para cuidar la vida de los bolivianos, preferimos retroceder. Estamos buscando un lugar seguro. Ahí veremos qué hacer, si retornamos a La Paz o continuamos», sostuvo.
El objetivo del operativo era habilitar el paso de alimentos, combustibles e insumos médicos hacia La Paz y El Alto, las ciudades más afectadas por los bloqueos, y liberar a cientos de camiones varados en las rutas desde hace tres semanas. La operación derivó también en enfrentamientos entre agentes y manifestantes, actos de vandalismo contra instituciones estatales y la reinstalación de los cortes.
El vocero presidencial, José Luis Gálvez, afirmó por su parte ante el canal estatal Bolivia TV que existe una «campaña» de noticias falsas sobre supuestos muertos durante el operativo, y que en la acción solo se emplearon gases lacrimógenos. Según Gálvez, «muchos de los sitios» que difunden esos contenidos «no están en el país» y sostuvo que «es parte de todo un esquema desestabilizador que quiere romper el orden constitucional».
Horas antes, el presidente Paz había declarado a un medio argentino que hará «todos los esfuerzos» para dialogar con los sectores en protesta, aunque advirtió que «todo tiene un límite».