Cabo Verde es el rival que nadie esperaba. El pequeño archipiélago africano de poco más de 500.000 habitantes completó la fase de grupos del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá con tres empates —ante España, Uruguay y Arabia Saudita— y terminó segundo en el Grupo H, eliminando en el camino a la selección uruguaya que conduce Marcelo Bielsa. Ahora le toca medirse con Argentina en los 16avos de final.
Lo que hace singular a esta selección no es solo el resultado deportivo, sino la forma en que fue construida. Ninguno de sus jugadores proviene de la liga local. El Mindelense, el Sporting Club da Praia, el Boavista da Praia y el resto de los clubes del archipiélago no tienen un solo representante en la primera Copa del Mundo de la historia caboverdiana. Los futbolistas que visten la camiseta azul están repartidos por Europa, Asia y América: Portugal, Turquía, España, Países Bajos, Rusia, Chipre, Estados Unidos, Israel, entre otros.
Detrás de esa realidad hay una decisión estratégica de la Federación Caboverdiana de Fútbol (FCF), tomada hace años: salir a buscar talento entre los hijos y nietos de emigrantes caboverdianos formados en academias extranjeras, donde el nivel competitivo es más alto. Con un territorio de diez islas principales y una población reducida, las posibilidades de reclutamiento interno eran limitadas.
Esa búsqueda los llevó a usar métodos poco convencionales. El caso más llamativo es el de Roberto Lopes, defensa nacido en Dublín, hijo de madre irlandesa y padre caboverdiano, que milita en el Shamrock Rovers de Irlanda. La federación lo contactó en 2019 a través de LinkedIn.
«No hablaba portugués y usaba LinkedIn sólo para temas de la universidad. Cuando vi aquel mensaje pensé que era falso, que era spam», contó Lopes en una entrevista con el medio ‘Footballers Unfiltered’. Ignoró el primer mensaje, pero llegó un segundo, esta vez en inglés, y entonces prestó atención. «Me volvieron a escribir días después y me di cuenta de que era algo serio. Respondí y a partir de ahí empezó todo. Pensarlo ahora, es una locura», recordó. Hoy tiene 33 años y acumula 38 internacionalidades. «La experiencia abrió mi mente, me permitió visitar lugares que nunca habría conocido, interiorizarme en la cultura africana y aprender el idioma», afirmó.
Portugal es el país que más futbolistas aporta al plantel: siete en total, entre ellos Sidny Lopes del Benfica y Jovane Cabral del Estrela da Amadora. Turquía suma tres, con Wagner Pina del Trabzonspor a la cabeza. Otros militan en Rusia, Chipre, España —Logan Costa en el Villarreal—, Países Bajos, Estados Unidos, Israel y varios destinos más.
Cabo Verde no es el único caso en el torneo: Uruguay, Senegal, Costa de Marfil, Curazao y el Congo también presentan planteles sin futbolistas de sus ligas domésticas. Pero el archipiélago lleva ese modelo al extremo: no hay excepciones.
Ahora, con la hazaña de la fase de grupos consumada, la selección caboverdiana buscará dar otro golpe ante Argentina.
Con informacion de Misiones Online.