El 13 de julio se recuerda a los trabajadores del sector eléctrico en todo el país. La fecha remite a 1948, cuando se fundó la Federación Argentina de Trabajadores de la Luz y Fuerza con la participación de 29 organizaciones gremiales.
Un año después, en agosto de 1949, la entidad obtuvo su personería gremial y realizó su primer congreso ordinario en Rosario. El 31 de ese mismo mes se firmó el primer Convenio Colectivo de Trabajo de alcance nacional para el sector, y se instituyó el 13 de julio como el día propio de los trabajadores de la electricidad.
La efeméride también es ocasión para poner en valor una actividad que implica riesgos considerables. La energía eléctrica está presente en casi todas las actividades humanas, lo que la convierte en una fuente indispensable pero que requiere personal capacitado para su instalación, operación y mantenimiento.
A diferencia de otras fuentes de energía, la electricidad no genera gases ni humos contaminantes, lo que la posiciona entre las opciones más limpias disponibles. Sin embargo, su manejo sin las precauciones adecuadas puede derivar en accidentes graves, tanto para los trabajadores especializados como para cualquier persona que opere artefactos domésticos.
Los especialistas en seguridad laboral señalan que, si bien la técnica permite controlar gran parte de las condiciones de riesgo, el factor humano sigue siendo determinante. Niños, adultos y profesionales están igualmente expuestos cuando no se respetan las normas básicas de seguridad eléctrica.
En ese marco, la responsabilidad de quienes instalan y mantienen las redes eléctricas resulta central: no solo deben garantizar instalaciones seguras, sino también asegurarse de que el personal bajo su cargo cuente con la formación necesaria para evitar accidentes.
Con informacion de Primera Edicion.