Casi 90 años de historia tealera: la familia Kaeriyama vuelve a sus raíces con tés de especialidad

En la cuarta edición de la Expo Té Argentina, la familia Kaeriyama volvió a poner en valor una historia que está ligada a los propios comienzos de la producción tealera en Misiones. Taro Kaeriyama, integrante de la cuarta generación, contó que todo empezó con su abuelo hace casi nueve décadas.

«Mi abuelo comenzó la producción de té en 1936. En su momento empezó con la producción de té verde artesanal, vendía en la comunidad japonesa y después fueron pasando todas las etapas de industrialización del té», relató.

Con el tiempo, la empresa diversificó su producción hacia variedades industriales como té negro y tipo fannings. Pero hace aproximadamente una década la familia tomó una decisión que marcaría un nuevo rumbo: volver a los tés de especialidad elaborados de manera artesanal, recuperando las prácticas que el crecimiento industrial había dejado de lado.

«Comenzamos nuevamente a hacer tés de especialidad, cosechados a mano. Es básicamente lo que estamos buscando impulsar ahora: volver a hacer lo que hacían nuestros abuelos en aquel entonces», señaló Taro.

Uno de los pilares de la marca es justamente esa historia. La identidad de una familia inmigrante japonesa que eligió Misiones para construir una tradición productiva propia es, según Kaeriyama, el valor diferencial de cada producto.

«Nuestro principal valor es la historia. Lo que tratamos de mostrar con nuestros productos es el peso de la historia y el valor que tiene una familia inmigrante japonesa, que dentro de Misiones resulta bastante particular», afirmó.

El té verde sigue presente en la cotidianidad familiar, como parte de una cultura que la familia mantiene viva. Taro observó además un cambio en el mercado local: «Como familia japonesa, consumir té verde para nosotros es muy habitual. Por ahí para el paladar occidental no es tan común, porque en Argentina la gente suele preferir el té negro, pero cada vez vemos más interés por probar té verde».

Hoy el negocio principal de la empresa está orientado a proveer materia prima —hebras enteras y quebradas— a elaboradores de blends y marcas especializadas. También mantienen exportaciones hacia Brasil, principalmente de té industrial.

«Hoy nuestro fuerte es trabajar como proveedores para tea blenders. Exportamos algo a Brasil, sobre todo té industrial, pero estamos muy enfocados en los productos con valor agregado», explicó.

El cambio de estrategia fue, en palabras de Taro, la decisión más acertada de los últimos años. La escala de la empresa no les permitía competir con los grandes jugadores del mercado de commodities, y apostar a la calidad resultó ser el camino.

«Hace diez o doce años entendimos que hacer volumen ya no nos rendía. Nuestra escala quedó muy chica para competir con empresas más grandes dentro del mercado de commodities. Entonces buscamos caminos alternativos y la verdad que fue la decisión más acertada», sostuvo.

Esa reorientación también les dio mayor resiliencia frente a las dificultades que atravesó el sector. Mientras otros productores sufrieron el impacto climático y la volatilidad de los mercados internacionales, la demanda de sus tés de especialidad creció de manera sostenida.

«Las implicancias climáticas no nos afectaron demasiado y la venta aumentó bastante. Estamos muy contentos con cómo está respondiendo la demanda de estos tés de especialidad», destacó Kaeriyama.

Con casi nueve décadas de recorrido, la familia sigue construyendo sobre las mismas bases que impulsaron al fundador: la cultura del té, el trabajo familiar y la búsqueda de calidad por encima del volumen.

Con informacion de AgroMisiones.