Juan Carlos De Mattos creía haber hecho una operación sin inconvenientes: el 20 de agosto de 2025 adquirió mediante permuta un lote de 105 hectáreas en el paraje Dos Hermanas, municipio de Bernardo de Irigoyen, identificado en el plano catastral N.º 28.920, Lote 25, Sección XVI. La compra contaba con título de propiedad, documentación notarial y administrativa, y el campo se entregaba libre de ocupantes. Tres días después, ese panorama cambió por completo.
El 23 de agosto, un sábado a la noche, una pareja intrusó el predio. Al llegar el domingo siguiente para controlar el ganado, De Mattos se encontró con los ocupantes. El primer contacto ya fue violento. Según relató en el programa Primer Día, de Misiones Online y Radio Libertad: «Ahí hablé con la señora que me salió con un machete y toda una historia ahí. Le digo: ‘No, la propiedad era mía, qué sé yo’. Me amenazaron, hice la denuncia correspondiente».
Los intrusos argumentan que el lote pertenecía originalmente al padre del usurpador, a quien la anterior titular —Mariela Vanesa Lemes— se lo habría comprado, y exigen el cobro de un viejo pagaré vinculado a esa operación previa. De Mattos sostiene que esa disputa financiera corresponde resolverla con los antiguos dueños y no afecta su adquisición, que cuenta con el respaldo de la Provincia.
En los primeros días del conflicto, el productor intentó una salida negociada con presencia policial. Según describió, llegó a ofrecerles dos terrenos y una casa a cambio del desalojo voluntario, propuesta que los ocupantes rechazaron.
Desde entonces, los ataques al establecimiento no cesaron. «Me cortaron los alambrados, después me provocaron el incendio de 14 hectáreas de pastura», detalló De Mattos. Cuando instaló cámaras de seguridad para registrar los daños en el portón de acceso —desde donde, según denuncia, los intrusos liberaban a los animales—, también fueron destruidas: «Apedrearon la cámara, rompieron la cámara. Me apedrearon la casa, la vivienda que estaba ahí, rompieron los vidrios de la casa».
El punto más grave ocurrió recientemente, cuando los atacantes incendiaron por completo la vivienda donde pernocta el personal del campo. De Mattos describió cómo se produjo el hecho: «Ese día jueves, uno de mis personales se retiró porque llovió, no se iba a poder trabajar al otro día. Se retiró y esperaron que se retire, bueno, incendiaron la casa». Un casero que se encontraba en otra vivienda cercana vio las llamas y observó a los sospechosos alejándose por el camino vecinal.
En paralelo al expediente iniciado por De Mattos, los usurpadores lo denunciaron por supuestas amenazas. Como resultado, la Justicia le impuso al productor una orden perimetral que le prohíbe ingresar a su propio campo desde finales de agosto de 2025 hasta febrero de 2026. El ganadero considera esa resolución insólita, ya que deja el predio sin control de su parte mientras los ocupantes permanecen en él.
Sumado a todo esto, De Mattos denuncia un hostigamiento digital sistemático: los intrusos graban y fotografían a los trabajadores rurales cada vez que intentan realizar tareas de mantenimiento o cuidado del ganado.
El productor también señaló una contradicción en la conducta del usurpador: tiene una casa propia a apenas 500 metros del campo en litigio, actualmente abandonada, y es propietario de otras 28 hectáreas en la zona sur. «Este señor tiene una casa, una propiedad de él, a 500 metros de mi propiedad. Esa casa está abandonada en el pueblo de Dos Hermanas. Él abandonó esa casa para intrusar ahí», afirmó.
Tras el incendio de la vivienda del personal, De Mattos dijo no haber recibido novedades sustanciales de la instrucción judicial: «A mí no me citaron, nada. Lo único que hice la denuncia en la policía, le citaron a mi chacrero, a mi peón que está ahí, ese sí. Pero hasta el día de hoy nada. Y el intruso sigue ahí».
El productor tiene 50 cabezas de ganado en el establecimiento y trabaja allí a diario. «Creo en la justicia argentina, pero por ahí es muy lenta. A mí lo que me preocupa son los daños consecutivos y la impotencia», señaló, y admitió que el temor ya alcanza a su seguridad personal y a la de sus trabajadores: «Tengo miedo. No sé qué me puede pasar a mí o a los trabajadores».
Con informacion de Misiones Online.